Fue la Mano de Dios de Maradona

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Muchos recuerdan el gol de Maradona a Inglaterra en el Mundial de 1986 como un acto de fe

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Fue la Mano de Dios de Maradona

Muchos recuerdan el gol de Maradona a Inglaterra en el Mundial de 1986 como un acto de fe, pero fue sobre todo un acto de desesperación. No utilizó la mano para asegurar el gol, sino porque con su metro sesenta y cinco de estatura no podía rematar ese globo con ninguna otra parte del cuerpo. El acto de fe fue del árbitro. Fue él quien decidió creer que el astro argentino podía alcanzar lo imposible. Si hubiese sido cualquier otro jugador, habría sido mucho más fácil detectar el engaño. O dicho de otra manera, habría sido más sencillo para el árbitro confiar en lo que verdaderamente había sucedido ante sus ojos. Los ingleses se abalanzaron a por él en busca de explicaciones. Al final se decantó por lo que no había ocurrido y eso nos demuestra lo difícil que es no dudar de los genios.

¿Qué no puede hacer el Dios del fútbol?

Con el tiempo todos reconocemos el error del colegiado, pero aceptamos el resultado con deportividad. Siempre se ha pensado que las reglas existen para los árbitros, pero su función principal es guiar el comportamiento de los jugadores. Las normas les disuaden. Son una amenaza, no un cerrojo. Maradona lo entendió mejor que nadie: tocar el balón con la mano es una acción punible, no prohibida.

El portero inglés de aquel partido, Peter Shilton, dijo que no considera a Maradona un deportista por hacer trampas intencionadamente para ganar. Pero la trampa no perjudica al que la comete, sino al que cae en ella. El mago de Argentina transformó la trampa en gol y lo celebró convencido de que el truco había salido a la perfección.

El gol subió al marcador en el 51’ pero el milagro ocurrió cinco minutos después. Con el empate a uno en los cuartos de final, Maradona controló el balón antes de cruzar el medio del campo, dribló a cinco jugadores -incluido el portero- y marcó uno de los goles más inverosímiles de la historia del fútbol. Si volvéis a ver los dos goles, os daréis cuenta de que lo más difícil de creer no es la trampa, sino la genialidad. Por eso al segundo tanto lo bautizaron como “El Gol del Siglo”. Dos décadas después, Messi haría algo parecido frente al Getafe, pero el gol de Maradona fue en un Mundial y contra Inglaterra.

En semifinales volvió a firmar un doblete para superar a Bélgica y presentó su candidatura a mejor jugador de todos los tiempos venciendo a Alemania 3 a 2 en la gran final.

La Mano de Dios no es solo una mano. Es una declaración: las reglas están ahí, sí, pero también lo está la picardía, el instinto y la necesidad. Si el árbitro no vio claramente la mano, tuvo que decidir si creer o no en Maradona. Cualquiera que ame el fútbol habría cometido el mismo error y habría sucumbido ante las palabras del propio Maradona: “fue un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios".

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