El desorden y caos táctico que generan las ansias de ganar resultan muy divertidos en el fútbol. Cuando se juntan, suceden partidos locos como el del sábado entre el Chelsea y el Manchester City, un pulso reñido y pasional, llevado al límite por los dos equipos bajo una lluvia torrencial. No habrá mejor cartel publicitario para la Premier League que un encuentro como éste, jugado con todas las virtudes del fútbol inglés cuando logra primar la vocación desatada de marcar goles sobre la de tratar de evitarlos.
Habrá, a partir de ahora, un espíritu de Stamford Bridge, que se recordará por el indómito carácter de los ‘blues’ y el vigor de las dos delanteras, en un partido sin control, lleno de alternativas, verticalidad, derroche y pundonor. Un día de fútbol excelente, finalizado con un 4-4 nada frecuente, que llevó al técnico del City, Pep Guardiola, a soltar un espontáneo “¿te divertiste?”, cuando al acabar el partido se le inquirió por el extraño marcador, que nunca había sufrido antes en su carrera como técnico. Los errores de un City desmelenado le llevaron a perder dos puntos y a estrechar la clasificación.
No es el tipo de enfrentamiento que guste a muchos entrenadores, decantados hacia las tácticas del control. Pero sí el que propone el Chelsea de Pochettino, quien reclamaba más atrevimiento e intensidad a sus jugadores. Poco a poco, superando los problemas internos y apostando por jugadores desequilibrantes con el regate, los ‘blues’ de suroeste de Londres vuelven a emitir señales de lo que son capaces, con su estilo trepidante y veloz. Además de confirmar su recuperación, el Chelsea exhibió el empuje necesario para levantarse a cada golpe y gol del City, para no rendirse bajo ninguna circunstancia.
El trabajo oscuro siempre da sus frutos. Y el de Pochettino en todas las áreas del campo de entrenamiento del club en Cobham salta a la vista, observando la actitud luchadora de sus jugadores. Duro y carismático a la vez, les ha sabido motivar y recargar la mentalidad positiva para explotar las virtudes de sus delanteros, muy eficaces esta vez, porque fueron alentados por el planteamiento audaz de Guardiola. Por exceso de ambición y desajustes en el campo, el City no supo conservar tres ventajas en el marcador.
Aún sin Nkunku, su gran fichaje, que sigue lesionado, el Chelsea empieza a reconectarse de nuevo y a gustarse, y afrontó la cita también con viejas rencillas, como las de dos exjugadores del líder y campeón, Raheem Sterling y Cole Palmer, claves en su capacidad de reacción y fundamentales en su juego por los extremos. Ambos quisieron demostrarle al técnico catalán del City que tal vez se equivocó al no darles más protagonismo y dejarles marchar.
Es innegable que el Chelsea está ya en la dirección correcta y tiene tiempo para volver entre los primeros, porque tampoco ha perdido ante Arsenal y Liverpool. Su desafío es mantener la misma energía contra equipos menores que esperan encerrados atrás. Ahora los ‘blues’, empujados por esa furia renovada, deben dar ese paso más cuando se enfrenten a esos rivales que no dejan espacios ni campo para correr.


