De gafes y maldiciones, el deporte está lleno.
Todos los aficionados del mundo del deporte, desde los más acérrimos seguidores de un club hasta los ocasionalmente espectadores, tienen sus rituales y manías que les conectan con fuerzas superiores (eso creen ellos) para decantar la balanza a su favor en los resultados o entorpecer al contrario.
La primera maldición de que se tiene constancia en el mundo del deporte es la ‘Maldición del Bambino‘. Nadie imaginó que la decisión de Harry Frazee (promotor teatral que necesitaba dinero para una obra) de vender a George ‘Babe’ Ruth a los New York Yankees el 26 de diciembre de 1919, se convertiría en uno de los maleficios más recordados en el beisbol. Los Red Sox habían ganado 5 de las 15 Series Mundiales que se habían realizado hasta 1919, la última de ellas en 1918, y ‘Babe’ Ruth había participado en tres de ellas. Ruth jugó de 1920 a 1934 con los Yankees, tiempo en el que los neoyorquinos fueron campeones cuatro veces. Los Red Sox tardaron 86 años a volver a ser campeones de las World Series. Y así como la ‘Maldición del Bambino’ cayó sobre los Red Sox, a los Hanshin Tigers de Osaka de la liga japonesa de beisbol les ocurrió algo parecido. Por una gamberrada.
Un jugador reserva
Randy Bass (13/3/1954), jugador de béisbol estadounidense de Oklahoma, tuvo una trayectoria en Estados Unidos algo rutilante. Elegido en 7ª ronda en 1972 por los Minnesota Twins, fue cedido o vendido, dando tumbos por varios equipos de ligas menores sin, al parecer, acabar de despuntar para hacer el salto de calidad. Su debut profesional se produjo en 1977 y pasó por los Toledo Mud Hens, los Omaha Royals, Expos de Montreal, Padres de San Diego y Texas Rangers. Siempre fue un jugador reserva que salía como bateador sustituto. Hasta entonces había registrado un promedio de bateo de .212 en 325 turnos de bate, 9 home runs y 42 carreras impulsadas (las que permiten a otro jugador llegar a la ‘home’) en 130 partidos.
Y cuando todo indicaba un retiro prematuro llegó la opción de recalar en una liga completamente desconocida como la japonesa.
Randy Bass copó las portadas de los rotativos japoneses por sus buenos números
El Coronel Sanders, al río
Bass se unió a los Hanshin Tigers, uno de los clubes de béisbol profesionales japoneses más populares, con sede en Nishinomiya, prefectura de Hyogo, (Osaka) en 1983 y le costó adaptarse al estilo de juego japonés. Aún así, golpeo a golpeo, Randy se ganó el apoyo del público y la confianza de los entrenadores. En 1985, de la mano y del bate de Randy Bass, los Tigers consiguieron ganar la liga Central de la temporada regular, lo que les permitía jugar las series finales contra el ganador de la liga del Pacífico, los Saitama Seibu Lions. Vencieron y se adjudicaron el primer título. El júbilo de los seguidores de Osaka se desmadró.
Los aficionados salieron a celebrarlo sobre el puente Ebisubashi que cruza el canal Dotonbori de la ciudad. Como una tradición, uno a uno fueron gritando los nombres de los jugadores y aquellos aficionados que decían parecerse a ellos, saltaban al río. Cuando llegó el turno de Randy Bass, a alguien se le ocurrió lanzar una estatua del Coronel Sanders de la cadena de restaurantes de comida rápida Kentucky Fried Chicken que se encontraba justo al lado. Fue la elección más apropiada por su enorme parecido físico. Las celebraciones siguieron su curso toda la noche y de la estatua solamente los del restaurante se dieron cuenta de que les faltaba.
La estatua del Coronel Sanders estaba como reclamo en un restaurante de KFC y acabó en el fondo del canal
Disculpas e inicio de la maldición
La mañana siguiente, un grupo de fanáticos regresó al puente, lugar donde había ocurrido la celebración, a buscar la figura y disculparse con el gerente del restaurante, pero nadie se lanzó al canal a buscarla.
Entonces la mala racha de Hanshin Tigers comenzó. Cuatro de las seis siguientes temporadas terminaron en el último lugar. Pasaron los años y así como consiguieron cuatro títulos más de la liga Central, fueron incapaces de vencer en las series finales. Empezó a correr la brama de que todo se debía al lanzamiento de la estatua del Coronel Sanders que yacía plácidamente en el fondo del canal. Aunque algunos sugirieron que se la rescatase, las autoridades locales no mediaron en el asunto.
El fin de la condena
En 2009, unos operarios que estaban limpiando el canal tras un drenaje, hallaron la estatua del Coronel Sanders. Lo confundieron con un cadáver troceado (eso dijeron) ya que primero encontraron la parte superior y al día siguiente localizaron las piernas y la mano derecha. La mano izquierda y las gafas no aparecieron. Mientras la figura no estuviera completa, la maldición sobre los Hanshin Tigers seguía vigente.
No sabemos si el espíritu del Coronel Sanders se apiadó de los sufridos aficionados o consideró que ya habían pasado suficientes años de condena, pero el pasado 5 de noviembre por fin, los Tigers ganaron 4 de los siete partidos a los Orix Buffaloes y rompieron la sequía de 38 años. Desafiando al destino de nuevo y, aunque había medidas de seguridad y un cordón policial, un fan se lanzó al río disfrazado de Coronel Sanders. Veremos a partir de marzo cómo les va.



