Aitor Ariño, de 30 años, se rompió por primera vez el ligamento cruzado anterior de la rodilla el 20 de marzo de 2021 después de un mal apoyo tras finalizar un contraataque durante un partido contra el Sinfín.
El extremo izquierdo del Barça estuvo seis meses de baja y reapareció en octubre de ese mismo año totalmente recuperado, pero la mala pata se cebó con él otra vez al sufrir la misma lesión el 30 de noviembre de 2022 en otra acción fortuita contra el THW Kiel.
Al tratarse de la segunda lesión grave en la misma rodilla, la precaución ha sido máxima y esta vez Ariño ha tardado nueve meses largos en volver a las pistas, concretamente el pasado sábado contra el REBI Cuenca, cuando recibió la nueva y cálida bienvenida del público del Palau.
"Estoy muy contento de poder volver a la pista con mis compañeros, en el Palau, con mi familia, que es lo que más deseaba. Me noté bien, llevaba tiempo ya entrenando con el grupo, pero aún sin jugar un partido. Hay que ir pasito a pasito, no tengo prisa, tengo que coger buenas sensaciones. Ya he roto el hielo, he debutado otra vez, los nervios eran iguales, así que estoy muy contento", afirmó Ariño en declaraciones facilitadas por el Barça.
"Me noté bien, llevaba tiempo ya entrenando con el grupo, pero aún sin jugar un partido. Hay que ir pasito a pasito, no tengo prisa, tengo que coger buenas sensaciones"
"La rodilla siempre responde muy bien. Estoy muy agradecido a todo el mundo que me ha ayudado en el club. Esta recuperación ha ido muy bien gracias a la gente que tengo alrededor", añadió Aitor, cuya baja ha cubierto con nota otro canterano, Ian Barrufet, igual que lo hizo con anterioridad Martí Soler, ahora cedido al BM Logroño para que siga creciendo con más minutos de calidad.
"Aitor lleva muchos años en el club y es muy querido en el vestuario. Ha pasado un calvario con esta segunda rotura de cruzado y esperamos y deseamos que coja la forma porque, lógicamente, le cuesta todavía después de nueve meses de baja, pero en poco tiempo ya estará", aseguró el entrenador del Barça, Carlos Ortega.




