Después del ataque a gran escala de Donald Trump a Venezuela, China y Estados Unidos vuelven a disputar su influencia en Latinoamérica a través de una infraestructura digital y los cables submarinos de fibra óptica, un componente del poder tecnológico global.
En 2025, la región se consolidó como territorio estratégico porque la conectividad, los datos y la geopolítica se entrelazan bajo el océano Pacífico, por donde pasan los cables que dan internet a los países del mundo.
Imagen de recurso de Pekín, China
El foco recae sobre Chile, que podría convertirse en una central del tráfico digital si avanzase la propuesta china para instalar un cable submarino directo entre América Latina y Asia. El proyecto conectaría el territorio chileno con la isla de Hong Kong.
Según ha avanzado el medio 'Data Center', el Gobierno chino impulsa una iniciativa Chile-China Express, un cable de fibra óptica submarina que quiere reducir la distancia tecnológica entre ambos continentes y fortalecer la presencia de China en el continente.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
Aunque hay una escasa transparencia sobre el proyecto, la falta de información pública sobre plazos, financiamiento y estructura del consorcio ha encendido alertas sobre la soberanía digital y la seguridad cibernética en Latinoamérica.
Este nuevo cable chino, además de aportar velocidad de conexión, radica en tres ejes centrales:
- Más del 95% del tráfico global de datos circula por cables submarinos.
- Estas infraestructuras invisibles que sostienen desde videollamadas y redes sociales hasta operaciones financieras.
- Controlar estas rutas equivale a ganar influencia en la economía digital.


