Uno de los principales obstáculos a la adopción masiva del coche eléctrico ha sido, desde sus inicios, la incertidumbre sobre la durabilidad de las baterías. De hecho, mitos muy arraigados han perpetuado la idea de que estos acumuladores de energía se degradan rápidamente y deben ser reemplazados a los pocos años, a un coste muy elevado. Sin embargo, eso no siempre es así.
Un nuevo y exhaustivo estudio realizado por Geotab, empresa especializada en soluciones de telemática, desmonta definitivamente esa creencia. Analizando datos reales de uso procedentes de más de 10.000 vehículos eléctricos en circulación, el informe concluye que las baterías duran más que el propio vehículo en la mayoría de los casos. Es más, señala también que cada vez envejecen más lentamente.
Menos degradación, más vida útil
Según Geotab, la tasa media de degradación anual de las baterías ha disminuido del 2,3 % en 2019 al 1,8 % en 2024. Este descenso, aunque aparentemente modesto, representa una mejora significativa en términos prácticos, ya que una batería pierde hoy menos capacidad por año que hace solo media década.
Esta reducción refleja tanto los avances tecnológicos en la fabricación de baterías como una mayor concienciación de los usuarios sobre los hábitos que ayudan a conservar su salud a largo plazo. Y, con esta tasa de degradación, una batería típica conservará más del 80 % de su capacidad original tras 12 años de uso, lo cual supera la vida útil media de un vehículo particular en muchos mercados.
Otros puntos clave del estudio
Otro de los hallazgos del estudio es especialmente relevante para profesionales del transporte o servicios de reparto: el kilometraje no determina la degradación. Geotab no encontró una correlación significativa entre los kilómetros recorridos y la pérdida de capacidad. En otras palabras, usar intensamente un vehículo eléctrico no degrada su batería más rápido. Eso sí, siempre que se utilicen hábitos de carga adecuados.
Sin embargo, si bien el kilometraje no impacta de forma directa, el tipo de carga sí importa, y mucho. Las cargas rápidas en corriente continua, habituales en viajes largos o entornos urbanos con infraestructura limitada, triplican la tasa de degradación respecto al promedio general, ya que estas cargas implican corrientes elevadas que provocan estrés térmico en las celdas, lo que acelera el envejecimiento.
El estudio también analiza el impacto de la temperatura ambiente. Tras cuatro años, las baterías de vehículos eléctricos que operan en climas templados mantienen el 96% de su capacidad, mientras que las de climas cálidos (más de cinco días al año por encima de los 27 °C) bajan al 89%. Es decir, el calor constante degrada la batería, pero de forma mucho menos agresiva que el uso intensivo de carga rápida.
Como valor añadido, Geotab ha desarrollado una herramienta interactiva que permite a cualquier usuario visualizar la evolución de la degradación de la batería en diferentes modelos, incluyendo eléctricos puros y enchufables. Esta gráfica compara el comportamiento de un modelo concreto con la media general, facilitando el análisis del estado de salud de la batería a lo largo del tiempo.



