La historia de Saúl “Canelo” Álvarez no solo se escribe con guantes y cinturones de campeón. Detrás de uno de los boxeadores más exitosos de México, que se medirá ante Terence Crawford este 13 de septiembre, existe una faceta íntima que lo conecta con la naturaleza y la calma: su pasión por los caballos, nacida desde su infancia.
El inicio del amor de Canelo Álvarez por los caballos nació en la niñez
Para Canelo, los caballos representan mucho más que un lujo adquirido con su fortuna. En una entrevista confesó que ese cariño nació cuando apenas era un niño. “El primer caballo que tuve fue una yegua que mi papá compró cuando yo tenía como cuatro años”, recordó con emoción.
Desde entonces, los caballos se convirtieron en un símbolo de perseverancia y de sueños cumplidos. El campeón mundial confesó que insistía a su padre una y otra vez: “Cómprame un caballo, cómprame un caballo”. Aunque en ese momento no había recursos, aquella ilusión marcó su niñez para siempre.
El tapatío explicó que el valor de ese primer animal no fue económico, sino sentimental. “Creo que le costó como 3,000 pesos o algo así, pero para mí significaba el mundo”, señaló. Con el tiempo, esa chispa infantil se transformó en una pasión ecuestre sólida y visible en su vida actual.
Hoy, gracias a su éxito deportivo y a inversiones bien pensadas, Álvarez ha podido construir un establo con ejemplares que reflejan su amor de toda la vida. Pero más allá de la adquisición, él mismo subraya que se trata de una conexión emocional y de un espacio de tranquilidad en medio de su ajetreo.
Los caballos como refugio fuera del ring
Canelo Álvarez ha descrito a los caballos como su refugio personal. “El caballo es para relajarte, para conectar con él, tranquilizarte. La verdad es que cuando montas, duermes muy bien”, aseguró en una entrevista, destacando el efecto terapéutico que le ofrecen.
Esa pasión convive con su amor por el boxeo, pero le brinda un balance único. Lejos de las luces y de los golpes, montar se ha convertido en su forma de recuperar energía y encontrar serenidad. La disciplina y el respeto que implica el mundo ecuestre lo acompañan también en el cuadrilátero.
Aunque ha invertido en negocios de ropa, autoservicio y hasta en una bebida propia, el boxeador mexicano sostiene que pocas cosas lo llenan tanto como la vida ecuestre. Antes del ring y de la fama, los caballos fueron su primera gran pasión, y ese origen lo sigue acompañando cada día.


