La UFC fichó a Shara Magomedov en 2023 y la carrera del daguestaní no se podía entender sin la palabra demolición como apellido. Un peleador temible, con unas características peculiares y 10 finalizaciones en 11 combates. Sin embargo, su paso vigente de dos peleas dentro de la organización de Dana White no está cumpliendo las expectativas y deja el papel del ruso en posibles enfrentamientos de cara al futuro con más dudas que certezas dentro de la empresa de artes marciales mixtas más grande del mundo.
Su primera aparición bajo los focos del Ultimate Fighting Championship dejó entrever las costuras de su propuesta. Pese a ganar ante Bruno Silva gracias a la decisión de los jueces, el peleador se mostró débil en el cierre y con una escasa defensa de derribo que es alarmante dentro de una división con grandes grapplers y peleadores con un ground game dotado de las más afiladas armas dentro del deporte. En el striking fue donde supo sobresalir respecto al peleador carioca, quien no tuvo apenas respuesta a los golpes certeros de Magomedov.
Consciente de las asignaturas pendientes que dejó en el UFC 294, una nueva oportunidad de enmendar los errores llegó con la posibilidad de participar en la primera cartelera de la historia de la organización en Arabia Saudí. Primero fue Ihor Potieria el encargado de ser el compañero de baile de El Pirata en tierras árabes. Después, debido a la derrota del peleador ante Pereira en el UFC 301, Joilton Lutterbach saltó al rescate pero, a falta de tres días de la celebración del evento, dio positivo en un control de orina. Fue entonces cuando Antonio Trócoli no rechazó la llamada de Dana White y saltó en corto aviso al enfrentamiento, con las consecuencias que dicha proeza conllevaba.
Shara Magomedov no lució especialmente bien ante un Trócoli acusado por el jetlag, el corte de peso y la escasa preparación, y que además no contaba con su esquina para las indicaciones dentro del octágono. El ruso no supo descifrar por dónde podía generar peligro ante el más largo alcance de su rival, y basó su gameplan en fuertes y férreas patadas a la pierna y a la zona hepática, que hicieron mella en el contrincante carioca. Sin embargo, pese a lucir superior en ese aspecto, resaltó la falta de ideas ante un rival al que acabó finalizando por la debilidad que acaeció en su cuerpo en el último episodio de la batalla, en lugar de por sus habilidades dentro del octágono.
A sus 30 años, Bullet debe ahora programar un buen estilo de pelea para hacer frente a los grandes tiburones de la división de las 185 libras. La inferioridad es una realidad: en dos peleas en las que todo estaba preparado para lucir sustancialmente superior que sus rivales, el ruso no ha podido dar el campanazo tan reclamado por los fans de UFC y por la propia empresa. Mirar al futuro es obligado y en dicho escenario habitan grandes nombres, superiores en striking y con un arsenal en el suelo que mejora de manera abismal al propuesto por Magomedov en el dúo de apariciones del peleador bajo el sello del Ultimate Fighting Championship. Es hora para Sharabdutin Magomedov de sacar a relucir el nombre de Daguestán sobre el octágono y dominar en una de las divisiones más peligrosas de toda la empresa.


