¡Carlos Alcaraz, campeón del Open de Australia! ¡Su Grand Slam ya es leyenda!
TENIS
El español Carlos Alcaraz ganó su primer Open de Australia derrotando en la final a Novak Djokovic, siendo el más joven de la historia que completa el Grand Slam, con 22 años


- Ángel Rigueira
Redactor Jefe | Polideportivo
22 años y 272 días. La edad a la que Carlos Alcaraz ha completado un Grand Slam de leyenda. Nadie había reunido los cuatro títulos 'grandes' en su palmarés tan pronto. De los nueve tenistas que hicieron el Grand Slam durante su carrera, nadie tan precoz como él. Batió el récord del estadounidense Don Budge, 22 años y 363 días en un lejano Roland Garros de 1938. Se dejó caer en el suelo, se levantó enseguida en deferencia a Novak Djokovic, que acudió a abrazarse con él. Y luego el español se fundió con parte de su equipo, en el box a pie de pista, y luego con el resto de su cuerpo técnico y familiares. Especialmente su padre Carlos.
Un día para la leyenda de este deporte, otro zarpazo de un tenista especial, que está tomando con fuerza el relevo que dejó el 'Big 3'. Derrotó al mejor representante del trío de la era dorada de este deporte. Superó al serbio Novak Djokovic, el hombre de los 24 Grand Slams, ante la mirada atenta desde el palco de Rafa Nadal, que se retiró con 22 y que era hasta hoy el único campeón individual español en el Open, en 1999 y 2022.
Suma siete Carlos Alcaraz después de su par de Roland Garros (2024 y 2025), Wimbledon (2023 y 2024) y US Open (2022 y 2025). También el profesional más joven que llega esa cifra, batiendo el registro del sueco Bjorn Borg (23 años y 4 días).
Las cifras son apabullantes. Dan fe del alcance del fenómeno Alcaraz, de su efectividad, de su explosiva entrada en el circuito. Son 25 títulos en 33 finales, 7 de 8 en Grand Slam. Todo en apenas cinco años en la élite del tenis. Espléndido, como maravilloso es el juego que despliega, una combinación ideal de explosividad y arte. Lo tiene todo técnicamente, y no deja de mejorar cada campaña que pasa. Un superdotado que también trabajó la mente, cómo evitar la desconexión, ayudado por la madurez de las experiencias vividas, de la edad consumida a un ritmo que desafía lo biológico.
Una gesta de Carlos Alcaraz, que se confirma como número uno mundial tras su exhibición en la final de Melbourne Park ante Novak Djokovic, 38 años y nº 4. El balcánico recordó durante media hora su excelencia, que había dominado sus diez finales previas en este escenario, pero llegó enseguida la reacción del español, con un vendaval de recursos que doblegó la resistencia heroica de su ilustre rival, que llegó a tener bola de 'break' para 5-4 y asomarse al quinto set. Triunfo para la historia de Charly, por 2-6, 6-2, 6-3 y 7-5 en 3h.02'.

El sub-23 más grande de la historia batió al mejor de la historia, por el momento y a la espera de cuánto aguanta el murciano, que ha tomado ventaja sobre el destronado Jannik Sinner, víctima de 'Nole', que puede con uno, no con los dos jóvenes seguidos. Con 'Career Grand Slam' atado, se unió a una lista con Fred Perry, Don Budge, Rod Laver, Roy Emerson, Andre Agassi, Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic.
El mérito de Alcaraz se subraya con la magnitud de un Djokovic que se dejó la vida, cada gota de sudor, aun viéndose abocado a una derrota que le deja sin su preciado 25º Grand Slam, que mantiene parado el palmarés desde el US Open de 2023. Pese a su naturaleza rebelde, 'Nole' ha chocado contra un chaval de El Palmar que va camino de hacer realidad la ambición de sentarse en la mesa de los mejores, de reunirse con el tiempo con el propio serbio, a quien igualó el palmarés entre ellos: 5-5.
"¡Imposible!", se quejaba Alcaraz a su palco en la entrada del encuentro, en pleno festival de Djokovic. Su equipo técnico, ya sin Juan Carlos Ferrero pero con su bien conocido Samu López al frente y su hermano Álvaro al lado, insufló ánimos y tranquilidad, como cuando sufrió los calambres en la maratoniana semifinal de 5h.27' contra Alexander Zverev. El español se recuperó un día y medio después, lo mostró a partir de la segunda manga. Rompió enseguida (2-1), frenó a un oponente que empezó a sufrir.
Djokovic se marchó al vestuario tras una hora y nueve minutos, con 1-1 en el marcador. Parón de seis minutos, tiempo para que Alcaraz se enfadase con el equipo arbitral al captar que se estaba cerrando aún más el techo sin previo aviso. Pidió explicaciones. No se cubrió del todo, quedó una ranura abierta. Había previsión de chubascos, lo que sí se cumplió es el pronóstico de baja temperatura. Sólo 16º C. En principio, más trabajo para Alcaraz, ya que la bola no bota tanto, no está tan viva, y el calor podía hacer más mella en el serbio.
De nuevo su equipo le tranquilizó, le avisó de que "Djokovic va a salir a saco". Puso en alerta al aplicado discípulo, una esponja absorbiendo conocimientos. Y el mejor Alcaraz tomó las riendas de la final. Con un equilibrio de potencia y efectividad que le permitió cazar el tercer set 6-3. Pidió ayuda médica el serbio, una pastilla.
Djokovic no claudicó, ni mucho menos. Estiró al máximo la posibilidad de tener su oportunidad. Loable su actitud. El finalista más veterano de la era profesional del Grand Slam dio otra lección de longevidad, por rendimiento y corazón. Si no pudo fue porque delante tuvo a su némesis generacional. Un día grande del tenis entre dos grandes.

