Salvajada para la historia de Alcaraz en el Open de Australia
TENIS
Carlos Alcaraz se sobrepuso a los calambres que le costaron perder dos sets de ventaja, completó una gesta de más de cinco horas para llegar a la final batiendo a Zverev


- Ángel Rigueira
Redactor Jefe | Polideportivo
Emociones fuertes en Melbourne Park. Un chaval de El Palmar se ha empeñado en comer en la misma mesa de los más grandes de este deporte, y no es sólo un sueño o una temeridad. Verbaliza su ambición desde el respeto, pero a la vez sabiendo que si trabaja del modo apropiado tiene abierto el camino a la leyenda.
Carlos Alcaraz acudió al Open de Australia con el título entre ceja y ceja. Nunca había pasado de cuartos en sus cuatro participaciones previas. Cuentas pendientes que está resolviendo en esta edición. A la heroica. Dejando huella en uno de esos encuentros que emocionó a los presentes, pegó a las pantallas a los espectadores a distancia. Como aquella remontada de Rafa Nadal a Daniil Medvedev, de 5h.24'. O la final de récord, que perdió el manacorí ante Novak Djokovic, de 5h.53' en 2012.
Una nueva salvajada en el palmarés de hechos extraordinarios de Alcaraz, "en el partido más exigente físicamente de mi carrera". Una gesta que quedará en el recuerdo, en los anales del evento. Se tomó la revancha de la derrota de 2024 ante el alemán Alexander Zverev, con una determinación impresionante en los buenos y en los momentos más delicados, cuando fue víctima de los calambres mediado el tercer set, cuando rozaba la victoria.
Una lección de resiliencia y clase, de esa madurez que está exhibiendo en el torneo, el primero oficial del curso. A sus 22 años, número uno mundial, derrotó a Alexander Zverev, 28 y nº 3, por 6-4, 7-6 (5), 6-7 (3), 6-7 (4),7-5 en 5h.27'. Épico, sin poderse mover durante más de una hora. Con 3-3 en el tercer set vomitó, más tarde, con 4-4, quedó el drama al descubierto. Las rampas se apoderaron de su pierna derecha. Esperó a recuperarse, remontó en el quinto y definitivo set 'in extremis', cuando su rival sacó para final con 5-4. Se rebeló contra todo Alcaraz. Un superhéroe.
Superviviente con rampas, jugando a uno o dos tiros, con la magia de sus golpes. Aun parado, se puso a dos puntos de la victoria con 0-30. Lo salvó Zverev, también incomodado por la situación, que había bramado a los árbitros por dejar que el fisio tratara al español. "No se pueden tratar los calambres. Simpre estáis protegiendo a estos dos", soltó Sascha en referencia a Alcaraz y Sinner.
Aguantó Alcaraz, mejoró durante el cuarto set. Sin estar a tope, pero destilando amor propio, una capacidad privilegiada de manejar una situación tan comprometida. Y traicionera por inesperada. Puso patas arriba el estadio. Firmó la epopeya.
El doble campeón de Roland Garros, Wimbledon y US Open estará en su octava final de Grand Slam, con una precocidad sólo comparable en su día a la de Rafa Nadal. Y de juventud va el reto frente al doble campeón vigente, el italiano Jannik Sinner, o el histórico detentor de diez coronas, el serbio Novak Djokovic.
El domingo, a las 09:30 horas, Alcaraz puede convertirse en el tenista masculino más joven que aglutina los cuatro 'grandes' en su palmarés, rompiendo un récord que data de 1938, del estadounidense Don Budge, que se acercaba más a los 23 que el murciano, que con un séptimo Grand Slam en el zurrón también batiría el registro profesional del sueco Bjorn Borg, habría llegado a esa cifra con menos edad. Ya arrebató el récord de juventud de Jim Courier, en la era profesional, en estar en las cuatro finales 'grandes'.
Es un torrente de conquistas. Es el quinto español en la final masculina de Melbourne, tras el bicampeón Rafa Nadal y los finalistas Andrés Gimeno, Joan Gisbert y Carlos Moyà.
Todo es inmenso glosando la figura de Alcaraz. Ni la ruptura con Juan Carlos Ferrero ha influido en su rendimiento. Es una bestia competitiva. Cuando huele sangre, va con todo a por su presa.
Maniató primero a un Zverev que va camino de ser el eterno aspirante que nunca levantó un trofeo de Grand Slam ni subió al nº 1 mundial. La derecha del teutón sigue siendo punto de ataque para gente del nivel de Alcaraz, capaz de superar por potencia y también habilidad. Las dejadas volvieron a ser oro para él en momentos puntuales. Especialmente con los calambres apretando.
Pero Alcaraz fue, sobre todo, actitud. "Una batalla mental es esto", avisó el entrenador Samuel López a Alcaraz en el 'tiebreak'. Y con cabeza desequilibró cada instante decisivo el murciano. No tuvo el mismo aguante, ni decisión, Zverev. Se enfadó con una doble falta que le costó el 'break'. Se las tuvo con su padre y entrenador, Alexander, y su hermano mayor y técnico Mischa. Peor aún, no luchó el juego siguiente, que ganó en blanco el español para 6-4 en 40'.
Zverev es un guerrero con muchas tablas. Y recuperó el tono en un segundo set de mayor exigencia en el golpeo de la bola. De más ritmo. Calor agobiante. Un sol que permitió que la pelota viajase rápida y botase alta. Ayudó a una cadencia trepidante de juego, al desgaste físico y mental.
De repente, lo inesperado. Un juego de los llamados 'tontos'. 0-40 Zverev, perdió su servicio Alcaraz. El teutón se adelantó 5-2 en el set, pero no cerró con 5-4. Al contrario, el murciano se lo 'comió' al resto, le metió miedo, le generó dudas. Y se llevó la manga en el 'tiebreak'. Una sola rotura de saque en el mismo, justo cuando tocaba, para 7-5 a favor de Carlos.
No podía imaginar que esa ventaja de dos sets a cero iba a ser fundamental para aguantar cuando vomitó en el cuarto set, en el momento en que los calambres se apoderaron de su pierna derecha. Lo aceptó como un veterano de 40 años, como el supercampeón que es. Persiguió al alemán hasta noquearlo. Una auténtica salvajada. No falla al mejor de cinco sets: ha ganado 15 de 16, todos salvó el de Matteo Berrettini en Australia 2022, cuando aún no había dado el gran salto.

