El italiano Jannik Sinner se caracteriza por su condición de perfeccionista. No quiere dejar ningún detalle al azar. Es implacable en sus decisiones. Cuando tiene claro un asunto, maniobra sin problema en aras a llevar su carrera por el mejor camino posible. Pone énfasis siempre en el factor humano, en estar rodeado de gente con mucha capacidad profesional pero asimismo con la que pueda mantener una relación próxima y de confianza.
Mantiene un duelo directo con Carlos Alcaraz, que cuenta con la diversidad de estilos de tenis, la ambición desmedida de ambos, aunque desde el juego limpio. Son dos ejemplos de deportividad en la pista, aunque también tienen sus enfados. Algunos saltan a la vista, otros son más sibilinos, aunque hoy en día hay cámaras y micrófonos en todos lados.
Con esta cobertura total, Sinner fue pillado en una bronca poco habitual a su equipo técnico. Manifestó sin ambages su enfado con los suyos, a quienes reprochó que no estuvieran viviendo el partido como él, con la misma intensidad.
Sucedió en la semifinal contra el estadounidense Ben Shelton. Sinner estaba especialmente molesto después de haber sufrido el 'break', no haber aprovechado el 3-1 para irse. Consumado el 3-2, se fue parsimoniosamente a su banquillo, como si nada.
Pero su mensaje resultó contundente. "Yo hago un break y os quedáis ahí sentados, joder", soltó en referencia a que no se había sentido apoyado con el 3-1. Hizo mella en los destinatarios. Su entrenador australiano Darren Cahill, en París sin la compañía del otro técnico, el italiano Simone Vagnozzi, tomó nota y festejó más los aciertos de su pupilo a continuación.
Más aún, fueron numerosas las veces que los miembros del equipo se levantaron en la semifinal contra Jannik Sinner, pese a que el italiano ganó 6-0 y 6-1 a un Alexander Zverev sin fuerzas. Una prueba de que la palabra del jugador es ley. Sin aspavientos, pero con firmeza. Dentro de los parámetros del perfil de máquina del de San Cándido.
