La inacabable cantera del tenis español rizó un rizo más este año con la coronación del nº 1 mundial más joven de la historia, Carlos Alcaraz, a sus 19 años ya un relevo inmejorable en el tramo final de la carrera de Rafa Nadal, cuyo récord absoluto de 21 títulos de Grand Slam resume la grandeza de su obra.
Nadal y Alcaraz son dos ejemplos de campeones precoces, pero en el circuito hay otros jugadores que han tenido que bregar mucho hasta instalarse en la élite. En ese sentido, Alejandro Davidovich es un caso muy interesante porque tuvo que apaciguar un carácter volcánico para no quedarse en el camino.
Jorge Aguirre, su entrenador desde los 11 años, explica ese complicado viaje en el que tuvo que domar "a un potro salvaje" para que emergieran sus genes de purasangre. "Estoy loco como una chota", ha llegado a decir alguna vez entre risas el propio Davidovich.
El malagueño, de 23 años, adquirió notoriedad por primera vez cuando fue el campeón júnior de Wimbledon en 2017. Desde entonces, ha mejorado su ranking cada año y en 2022 termina como nº 31 mundial después de una temporada en la que su victoria sobre Novak Djokovic y la final del Masters 1.000 de Montecarlo recordaron todo su potencial.
"A mí siempre me ha respetado, pero es un chico rebelde un poco antisistema. Veía y veo la fuerza de un tenista top en su interior, lo más difícil era cómo ayudar a su personalidad para gestionar mejor esa furia"
"Fue una muestra de confianza para él de que puede mirar a los ojos a cualquiera. Con Djokovic pudo jugar y competir con la mente más libre y fresca. Ganarle el tercer set fue una muestra de poderío y seguridad personal de lo que es capaz de hacer en una pista. Es un proceso largo, pero he visto a un Álex más asentado", afirma Aguirre.
Alejandro Davidovich, de 23 años, acaba la temporada como nº 31 mundial
"Álex es un potro salvaje, desde pequeño es un chico con un carácter un poco complicado. No era el típico niño de 12 años calladito y obediente. A mí siempre me ha respetado, pero es un chico rebelde un poco antisistema. Veía y veo la fuerza de un tenista top en su interior, esa furia le ha ayudado en algún momento, pero al final la rabia tiene fecha de caducidad. Le he visto siempre dispuesto al trabajo, lo más difícil era cómo ayudar a su personalidad para gestionar mejor esa furia que sólo le va a servir si la puede canalizar bien", expone Aguirre.
"Es un potro salvaje, pero está pidiendo ser domado porque quiere hacer las cosas bien, él tiene ese gen ganador. Ahora el trabajo es más fácil porque tiene mejor predisposición e, igual que se equivoca, rectifica rápido. Él quiere ser un jugador completo en todos los aspectos y no alguien intermitente. Buscamos que tenga cada vez más continuidad", dice el técnico.
"Es un potro salvaje, pero está pidiendo ser domado porque quiere hacer las cosas bien, él tiene ese gen ganador. Él quiere ser un jugador completo. Buscamos que tenga cada vez más continuidad"
"Mi relación con él siempre ha sido muy buena porque hay mucho respeto mutuo. Yo tengo la labor de decirle las cosas sin importar si le van a sentar bien o mal. Eso cuesta y se enfada, pero le dura media hora. Como a mí no me ha importado tener esas batallas con él, en el fondo cuando pasan él agradece que le diga las cosas, eso le ayuda a seguir creciendo", explica Jorge, que recuerda sus inicios con Alejandro.
"Yo le vi por primera vez con ocho años en mi club en Fuengirola (Racket Club) y jugaba a un nivel diferente. Con 11 le iba siguiendo un poco más. Jugaba muy bien, pero era muy inestable, duraba 10 minutos, se enfadaba, tiraba la raqueta. Yo llevaba entonces al campeón de España infantil, Carlos Divar, y pensé: '¡Qué buena pareja harían estos dos!' Hablé con la madre de Álex y ese año fue campeón alevín", rememora el entrenador, que pronto entendió el carácter volcánico de su joven jugador.
Alejandro Davidovich llegó este año a los octavos del US Open
"En las semifinales del Nike Tour en Sevilla, empezó espectacular contra Alex De Miñaur, un tenis antológico. Iba 4-0, pero falló una primera bola y empezó a decir: '¡Qué mierda de partido estoy haciendo!' Perdió por 7-5 y 7-5. Ese día me dije: 'Jorgito, aquí tenemos trabajo'. Estaba jugando una barbaridad y dos errores le cambiaron la perspectiva", recuerda Aguirre.
"Coger a Álex fue un reto personal, a mí me va la marcha. Tener a ese chaval con un punto medio demoníaco y sacar de ahí a un buen jugador era un reto potente, y me fui de cabeza a por ello. Dos meses y medio después de ese partido contra De Miñaur, Álex fue campeón de España alevín", señala el técnico.
"Coger a Álex fue un reto personal, a mí me va la marcha. Tener a ese chaval con un punto medio demoníaco y sacar de ahí a un buen jugador era un reto potente, y me fui de cabeza a por ello"
"El tenis son percepciones y él se ponía muy nervioso, se alteraba mucho, es un tema mucho más profundo, tenía mucho pánico a cometer sus errores. Era un niño con pánico reaccionando mal. Esa gestión ha habido que trabajarla", reconoce.
"Cuando todo va en equilibrio es más fácil trabajar. Si tú ves una línea y él va por otra el trabajo es doble porque también hay que aceptar la profundidad del jugador y poco a poco ir llevándolo. No es un tema de imposición, tienes que ir jugando para que su personalidad también vea que hay un plan efectivo. Es un continuo juego. Yo respeto su personalidad, su esencia y hacerle ver dónde se equivoca. Es ensayo-error", compara Aguirre.
"Todo esto te quita mucha más energía. Con su personalidad, es mucho más difícil conseguir lo que ha conseguido, por eso yo le doy muchísimo valor a lo que ha conseguido. Mi sensación y la suya es de orgullo. No sé cuántos chavales con sus dificultades habrían llegado hasta aquí. Eso habla muy bien de él", se felicita Jorge.
Alejandro Davidovich, en el Masters 1.000 de Montecarlo
"Si cuando estaba peleado contra todo, siempre pensaba que Álex es un jugador top, ahora que se empiezan a ir las sombras yo no voy a ponerle techo ni le veo techo. Cuanto mejor jugador sea, todo va a ir en proporción, top-20, top-10. Tenemos que ir a por lo máximo, tiene mucho margen de mejora y ya nos dirá el futuro. Ahora mismo no tiene techo. No es el tenista más regular, pero cada vez lo va mejorando y su nivel medio ya es más alto. A ver dónde estamos dentro de un año, igual más arriba de lo que pensamos", observa Aguirre.
"No sé cuántos chavales con sus dificultades habrían llegado hasta aquí. Si cuando estaba peleado contra todo, siempre pensaba que Álex es un jugador top, ahora que se empiezan a ir las sombras yo no le veo techo"
"A alguien un poco anárquico como él, le falta un poco de planificación. Es muy completo jugando, pero cuando van mal las cosas, no tiene donde agarrarse. Es muy bueno en todo, pero cuando está desorganizado es muy malo en todo. Juega bien en defensa, ataca, contraataca, saque, resto, pero si está disperso tiene fugas por todos lados. Se trata de mejorar todos los aspectos del juego e ir tapando las fugas de energía para que toda su fuerza circule por el mismo canal. En todo tiene como mínimo un 20% de mejora", calcula el entrenador de Davidovich.
"Para que todo eso haga poso, necesitamos más semanas buenas, levantar partidos complicados. Aún queda tiempo para que esto sea su ‘modus operandi’. Montecarlo fue un refuerzo muy potente para hacer mejor las cosas. No hay que hacer nada diferente, sino continuar esa línea. Cuantos más partidos juegue, más rápido será su autoconvencimiento y lo que tenga que venir vendrá", concluye Aguirre.
