Vuelve la mítica Trollstigen: la carretera más brutal de Europa reabre en 2026 con 11 curvas imposibles entre cascadas y fiordos

RUTAS MOTERAS

Después de dos años cerrada por reparaciones, una de las rutas moteras más espectaculares del mundo volverá a estar disponible para los motoristas este verano

La carretera de Trollstingen, uno de los accesos al pueblo de Kilian Jornet
La carretera de Trollstingen, un enclave de maravilla para disfrutar de ir en motoIvars Utināns, Unsplash
  • Redacción

    Barcelona

La Trollstigen —literalmente, la “escalera de los trolls”— no es solo una carretera: es uno de esos destinos que todo motorista debería marcar en rojo al menos una vez en la vida. Situada en la región noruega de Møre og Romsdal, conecta Åndalsnes con Valldal y forma parte de la espectacular Ruta Turística Nacional Geiranger–Trollstigen, un itinerario de cerca de 100 kilómetros que condensa algunos de los paisajes más impactantes del país, entre fiordos, cascadas y montañas imposibles.

Inaugurada en 1936 tras ocho años de obras, ya entonces era una proeza de ingeniería. Hoy, casi un siglo después, sigue siendo un referente absoluto para los amantes de la conducción. Y en 2026, además, recupera protagonismo: tras dos años cerrada, la carretera vuelve a abrir al tráfico a partir del 1 de junio —si la meteorología lo permite—, devolviendo a los motoristas uno de los tramos más icónicos de Europa.

El corazón de la Trollstigen es un tramo de apenas cinco kilómetros, pero de los que dejan huella. 11 curvas de herradura, estrechas y muy seguidas, trepan por la ladera con pendientes que alcanzan el 10–12%, en una calzada que no destaca precisamente por su anchura. Se puede recorrer en ambos sentidos, pero la subida desde Åndalsnes es la que realmente engancha: ritmo constante, buen asfalto y un paisaje que se va abriendo poco a poco sobre el valle de Isterdalen.

Aquí no hay lugar para distracciones. Conviene mantener una conducción fluida y estar muy atento al tráfico, especialmente en verano. Autobuses y autocaravanas son habituales y, en las curvas más cerradas, pueden obligar a abrir la trazada más de lo deseado. A eso se suma otro factor clave: la humedad. Cerca de las cascadas, el asfalto puede permanecer mojado incluso en días aparentemente secos.

Porque si algo define este recorrido es el agua. La cascada Stigfossen, con sus cerca de 320 metros de caída, acompaña buena parte de la ascensión y se convierte en uno de los grandes protagonistas visuales de la ruta. Un espectáculo constante que combina adrenalina y paisaje a partes iguales.

¿Cuándo es mejor visitar la carretera Trollstigen en Noruega?

Eso sí, la Trollstigen es una carretera con calendario. Durante el invierno permanece cerrada por nieve, hielo y riesgo de avalanchas, y su reapertura en primavera depende siempre del tiempo. Para 2026, la fecha marcada es el 1 de junio, aunque no está de más comprobar el estado antes de salir. El mejor momento para recorrerla va de junio a septiembre, cuando las temperaturas son más suaves y las largas horas de luz permiten disfrutar sin prisas.

El firme suele estar en buen estado, pero la estrechez de la calzada y la presencia de tráfico obligan a tomárselo con calma. Por eso, el mejor consejo es claro: madrugar o esperar al final del día, cuando la carretera respira y permite una conducción más limpia.

Más allá de sus curvas más famosas, la Trollstigen es solo una pieza de un recorrido mucho mayor. Al dejar atrás Valldal, la carretera se suaviza y se adentra en un valle de ríos y cultivos —el conocido “pueblo de las fresas”—, donde el ritmo invita a relajarse tras la intensidad previa. Poco después aparece Gudbrandsjuvet, un desfiladero profundo atravesado por pasarelas y miradores suspendidos, una parada breve pero imprescindible antes de que la ruta vuelva a ganar altura en dirección a Ørnesvingen, uno de los miradores más espectaculares del país. Desde allí, el Geirangerfjord se despliega en todo su esplendor, con paredes verticales y cascadas que caen directamente al agua, entre ellas las famosas “Siete Hermanas”.

La cima de la Trollstigen también tiene su recompensa: un centro de visitantes con terrazas y pasarelas que permiten contemplar desde las alturas el trazado recién recorrido, el mejor lugar para entender la magnitud de esta carretera. El descenso final conduce a Geiranger, pequeño núcleo a orillas del fiordo y punto final natural de una ruta que ronda los 100 kilómetros y que, más que en distancia, se mide en sensaciones.

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