El truco de los equipos: cinta america en carreras de motos para ganar rendimiento
SOLO MOTO

- Redacción
Barcelona
La utilización de cinta americana en las carreras de motos en condiciones de frío y lluvia continúa siendo uno de los recursos más sencillos y, al mismo tiempo, más determinantes dentro del setup técnico de los equipos. Lejos de ser una solución improvisada, su aplicación responde a criterios precisos de gestión térmica y rendimiento mecánico en contextos donde la refrigeración natural del motor puede convertirse en un problema.
En escenarios de baja temperatura ambiente, el flujo de aire que atraviesa el radiador provoca un enfriamiento excesivo del propulsor, impidiendo que alcance su rango óptimo de funcionamiento. Esta situación se agrava en condiciones de lluvia, donde el agua incrementa la capacidad de disipación térmica. Para contrarrestarlo, los equipos recurren a la cinta americana, cubriendo parcialmente las entradas de aire del carenado y modulando así el caudal que llega al sistema de refrigeración.
Este ajuste, aparentemente simple, tiene un impacto directo en la eficiencia del motor. Un propulsor que trabaja por debajo de su temperatura ideal no solo pierde rendimiento, sino que también puede comprometer su fiabilidad a medio plazo. Por ello, la cantidad y disposición de la cinta se decide en función de variables como la temperatura del asfalto, la humedad ambiental o el ritmo previsto de carrera.
Además, esta práctica se integra dentro de un conjunto más amplio de adaptaciones específicas para condiciones adversas, donde la gestión térmica cobra un papel protagonista junto a la elección de neumáticos y la configuración electrónica. La cinta americana, en este contexto, actúa como un elemento de ajuste fino que permite estabilizar el comportamiento de la moto.
Aunque su impacto aerodinámico es marginal, el sellado parcial de ciertas aperturas puede contribuir a reducir pequeñas turbulencias. Sin embargo, su función principal sigue siendo la regulación térmica, un factor clave en disciplinas donde cada detalle puede marcar la diferencia entre el rendimiento óptimo y la pérdida de competitividad.


