¿Es más fácil pasarse al gravel desde el MTB que desde la carretera?
ENTRENAMIENTO CICLISTA
Adaptarse al gravel no es igual si vienes de la carretera o del mountain bike. Descubre qué habilidades ciclistas se adaptan antes y qué debes entrenar más en cada caso.

- Arnau Lloret
Entrenador de ciclismo
El auge del gravel ha abierto una puerta interesante para muchos ciclistas que vienen de disciplinas distintas. Algunos llegan desde la bicicleta de montaña, otros desde la carretera. A simple vista puede parecer que la transición es sencilla, porque al final seguimos pedaleando. Pero en realidad el gravel tiene características propias que hacen que la adaptación sea diferente según de dónde vengamos.
La bicicleta gravel ocupa un espacio intermedio entre la carretera y y el MTB. Esto significa que combina dos mundos: la velocidad y continuidad del ciclismo de carretera con la irregularidad del terreno que encontramos en la montaña.
Cómo se adapta un ciclista de MTB al gravel

Cuando un ciclista procede del MTB, la adaptación al gravel suele ser bastante natural en lo que respecta al terreno. Está acostumbrado a superficies irregulares, a gestionar la tracción y a mover la bicicleta sobre pistas o caminos. La lectura del terreno, la anticipación a piedras o cambios de firme y el control del equilibrio suelen estar muy desarrollados.
Sin embargo, el principal cambio aparece en la eficiencia del pedaleo y en el ritmo de las salidas.
En gravel se pedalea mucho más tiempo de forma continua que en MTB. Las subidas suelen ser menos explosivas y el ritmo más constante. Un biker acostumbrado a cambios de intensidad frecuentes puede notar que necesita mejorar su capacidad de mantener potencia estable durante largos periodos.
Trabajar más rodajes aeróbicos, cadencias sostenidas y control del ritmo ayuda mucho en esta transición.
También hay una diferencia en la posición. Las bicicletas gravel se parecen más a la carretera que a la MTB en cuanto a postura. El ciclista está más estirado y con mayor carga sobre la parte frontal. Para alguien que viene de la montaña, esto puede generar cierta sensación de tensión en espalda, cuello o brazos durante las primeras semanas.
Adaptarse progresivamente a la nueva posición y ajustar bien la altura del manillar suele ser suficiente para que el cuerpo se acostumbre.
De la carretera al gravel: claves de adaptación

El caso contrario es el del ciclista que llega desde la carretera. Aquí ocurre casi lo opuesto. La capacidad de rodar a ritmo constante, gestionar intensidades y mantener potencia durante horas suele estar bien desarrollada. La eficiencia del pedaleo también suele ser buena, porque el ciclismo de carretera obliga a trabajar mucho la economía de movimiento. Sin embargo, el desafío aparece cuando el terreno deja de ser completamente estable.
En gravel el firme cambia constantemente. Hay zonas con grava suelta, baches, arena o pequeñas piedras que obligan a tener más sensibilidad con la bicicleta.
Un ciclista de carretera puede notar al principio cierta inseguridad en las bajadas o al tomar curvas sobre tierra. La rueda se mueve más y la bici no responde igual que en asfalto. Esto no significa que sea más difícil. Simplemente requiere desarrollar habilidades técnicas que en carretera no se utilizan tanto.
Para quienes vienen del asfalto, dedicar algunas salidas a trabajar el control de la bicicleta fuera de carretera es muy útil. Practicar frenadas progresivas sobre tierra, aprender a dejar que la bici se mueva ligeramente bajo el cuerpo y mantener una posición más flexible sobre el manillar mejora mucho la confianza. También ayuda reducir ligeramente la presión de los neumáticos para ganar tracción y estabilidad.
MTB - gravel o carretera - gravel, ¿qué transición es más natural?

Si se compara cuál es la transición más natural, muchos ciclistas coinciden en que venir de la BTT facilita la adaptación al terreno, mientras que venir de la carretera facilita la adaptación al ritmo de pedaleo. En realidad, el gravel es una disciplina híbrida y ambos perfiles pueden adaptarse perfectamente con unas semanas de práctica.
Desde el punto de vista del entrenamiento, el gravel suele beneficiarse de una combinación de capacidades. Es importante tener una buena base aeróbica para sostener largas horas de pedaleo, pero también cierta habilidad técnica para manejar la bicicleta en superficies cambiantes. Las sesiones de resistencia continua, combinadas con trabajos de cadencia y algunas salidas en terreno irregular, ayudan a construir ese perfil.
Al final, la mayor ventaja del gravel es precisamente su versatilidad. Permite a los ciclistas de carretera descubrir nuevos caminos y a los de montaña rodar con más fluidez y velocidad en pistas largas.
La adaptación depende más de la paciencia y de la curiosidad por aprender que del punto de partida. Con unos ajustes en la posición, algo de trabajo técnico y tiempo sobre la bicicleta, la transición entre disciplinas suele convertirse en una experiencia muy enriquecedora para cualquier ciclista.
