Hay un lugar en Menorca que parece sacado de una postal de las islas griegas. Se trata de Binibeca Vell, un poblado fundado en los años sesenta que recuerda demasiado a Mykonos. Sus callejuelas de fachadas blancas parecen un laberinto que siempre, de alguna manera, acaba por desembocar en el mar. Aquí todo es digno de ser fotografiado, lo que ha puesto en pie de guerra a los vecinos, que piden respeto.
Construido en 1964, Binibeca Vell está formado por un conjunto de 165 casas encajadas unas sobre las otras. Aunque recibe el nombre de poblado de pescadores, en realidad nunca lo ha sido. Solo se le denominó así por un antiguo poblado de pescadores que había en la zona.
Su construcción es muy peculiar y se debe al arquitecto mallorquín Antonio Sintes y a la ayuda de Barba Corsini, que se inspiraron para el diseño de Binibeca Vell en las famosas islas griegas del Mediterráneo.
Como peculiaridad, las casas del poblado se fueron construyendo por encargo y casi de manera improvisada, sin planos. Por eso sus paredes son irregulares y muchas de ellas han tenido que adaptarse al escarpado terreno como se ha podido.
Además de sus casas, Binibeca Vell cuenta con un campanario y una pequeña capilla donde se celebra misa en ocasiones puntuales.
Binibeca Vell, el poblado que tuvo que poner freno al turismo
En realidad, este poblado está considerado una urbanización privada. Sus propietarios forman una comunidad de vecinos y entre todos pagan sus cuotas para mantenerlo en perfecto estado.
Sin embargo, la paz que caracterizaba a este enclave en sus orígenes se ha visto alterada en los últimos años, cuando ha llegado a recibir hasta 800.000 turistas anuales. Es por eso que los propietarios han establecido un horario de visita de 10 de la mañana a 10 de la noche y se han creado tres itinerarios recomendados para recorrerlo. Además, se pide a los visitantes que caminen en silencio y que no entren en las casas ni manchen las fachadas.
En portales como TripAdvisor, los que lo visitan dejan constancia de que Binibeca Vell es una maravilla. "¡Un encanto de sitio! Un pueblecito con casas blancas que se recorren como en un laberinto. Y hay que hacerlo en silencio por petición de los vecinos. Es como estar en otro país. El pueblo más bonito de Menorca en mi opinión", comenta uno de ellos.
A pesar de estas normas, comprensibles por otra parte, Binibeca Vell sigue siendo uno de los puntos más bellos de la costa menorquina, así que, aunque sea en silencio, bien merece la visita.


