Oasis casi secreto de la zona alta de Barcelona, los Jardines de la Tamarita pertenecieron originalmente a una familia burguesa de la ciudad y hoy es un parque público de 1,4 hectáreas que combina elegancia clásica, rincones románticos y una zona de juego familiar, todo a un paso del agitado tráfico de la Ronda de Dalt.
El origen de los jardines es una finca señorial conocida como Frare Blanc, propiedad de la familia Craywinckel, aristócratas de origen belga instalados en Barcelona desde el siglo XVIII. A principios del siglo XX el industrial algodonero Llorenç Mata adquirió parte de la finca y la convirtió en su residencia, símbolo de aquella burguesía que exhibía su poder apoyando el modernismo y el paisajismo de autor.
Tras la muerte de Llorenç Mata, su sobrino (Alfred Mata Julià) encargó en 1918 el diseño del jardín al paisajista Nicolau Maria Rubió i Tudurí, colaborador de Jean-Claude Nicolas Forestier en Montjuïc y futuro director de Parcs i Jardins de Barcelona.
Entre 1918 y 1920 Rubió transformó el entorno en un jardín de inspiración clasicista mediterránea, con parterres geométricos, estanques, esculturas y rincones de paseo que respondían al ideal burgués de casa de recreo. En los años noventa, el paisajista Antoni Falcón dirigió una reforma para adaptarlo a uso público sin perder su carácter histórico.
Un oasis con dos almas
Pasear hoy por los Jardines de la Tamarita es moverse entre dos mundos. La parte más próxima a la antigua casa conserva el aire de jardín señorial: caminos de grava, setos recortados, fuentes, bancos de piedra y estatuas que aparecen entre la vegetación. Aquí se encuentran algunos de sus grandes hitos botánicos, como un roble carvallo de unos 23 metros de altura y otros ejemplares singulares que aportan sombra densa y sensación de frescor incluso en pleno verano.
La zona más cercana a la avenida del Tibidabo está pensada como parque de barrio: área infantil bien equipada, mesas de ping‑pong, césped y rincones más informales donde familias y grupos se instalan a pasar la tarde. Esta mezcla de jardín histórico y espacio de uso cotidiano hace que el parque tenga vida a todas horas, pero sin perder la tranquilidad que lo convierte en refugio para leer, trabajar al aire libre o simplemente desconectar.
Esculturas clásicas, fuentes ornamentales y pequeños estanques aportan un punto fotogénico y de aire romántico, especialmente a primera hora de la mañana o en la "golden hour" de la tarde. En primavera explotan las floraciones y en otoño el parque se llena de tonos ocres, lo que lo convierte en un buen plan de temporada para quienes ya se conocen de memoria Ciutadella o Montjuïc.
Los Jardines de la Tamarita están en el distrito de Sarrià‑Sant Gervasi, entre el Passeig de Sant Gervasi y la Avinguda del Tibidabo, en la falda de Collserola. El acceso es gratuito y el parque abre todos los días: del 1 de noviembre al 31 de marzo de 08:00 a 19:00 horas, y del 1 de abril al 31 de octubre de 08:00 a 21:00 horas.
Time Out los define como un "pequeño vergel en la zona alta" y recomienda especialmente este espacio para huir del calor y del bullicio del centro sin salir de la ciudad. Para familias, guías como Kidpassage subrayan el área infantil, la seguridad del recinto (espacio vallado, sin tráfico) y la comodidad que implica poder visitarlo con carrito.
Por ubicación, los Jardines de la Tamarita encajan muy bien en un plan de medio día por la parte alta de la ciudad: a menos de 10 minutos está el CosmoCaixa, uno de los museos de ciencia interactiva más interesantes de Barcelona, perfecto para combinar naturaleza, cultura y divulgación. Caminando hacia arriba se llega al Tramvia Blau y al funicular del Tibidabo, puerta de entrada al parque de atracciones histórico y a algunas de las mejores vistas de Barcelona. Y bajando hacia Gràcia, el paseo se puede alargar hasta los cines, bares y plazas del barrio, cerrando la jornada con un vermut o una cena informal.


