A orillas del río Ebro, muy cerca de Navarra, Alfaro es una pequeña ciudad riojana con casi 10.000 habitantes… y unas 400 cigüeñas blancas que parecen haberla tomado como suya. Los vecinos conviven con ellas desde hace décadas: anidan en los campanarios, revolotean sobre las plazas y gobiernan con elegancia el tejado de la monumental Colegiata de San Miguel Arcángel, el símbolo más reconocible del municipio.
Según 'National Geographic', se trata de “una de las colonias urbanas de cigüeña blanca más importantes de Europa” y una de las más grandes situadas sobre un edificio histórico. Los nidos más antiguos, cuidadosamente asentados sobre las torres barrocas de la colegiata, pueden llegar a pesar hasta media tonelada. Es todo un espectáculo visual, sobre todo al atardecer, cuando el vuelo de las aves tiñe el cielo de un suave color rosado.
Patrimonio barroco y aire romano
Alfaro es una pequeña ciudad riojana con casi 10.000 habitantes… y unas 400 cigüeñas blancas
La Colegiata de San Miguel, construida entre los siglos XVI y XVII, preside la plaza de España con su imponente fachada barroca aragonesa. En su interior guarda doce capillas, retablos de gran valor —como los de Juan de Arregui, fechados en 1727— y dos crucifijos históricos: uno gótico del siglo XIV y otro de marfil del XVII.
Pero Alfaro no se detiene ahí. Su casco antiguo es un paseo por la historia: casonas con escudos heráldicos, balcones de hierro forjado y aleros tallados acompañan la caminata hacia otros monumentos, como la iglesia de Nuestra Señora del Burgo, de estilo clasicista y barroco, o el Palacio Abacial, actual Casa de Cultura. Tampoco falta el toque curioso: el Museo de la Bicicleta en miniatura, que exhibe más de mil piezas, o los restos romanos de Graccurris, una antigua ciudad fundada en el año 179 a.C. por Tiberio Sempronio Graco.
La única tumba vertical de España
Alfaro es una pequeña ciudad riojana con casi 10.000 habitantes… y unas 400 cigüeñas blancas
Más allá del patrimonio, Alfaro guarda una historia que parece salida de una novela romántica del XIX. Allí descansa José Mauleón y Giménez, el protagonista de una leyenda local que aún conmueve a quienes la conocen. Según relata 'España Fascinant'e, este joven, perteneciente a una familia adinerada, se enamoró perdidamente de una criada cubana que trabajaba para los Sáenz de Heredia, una relación imposible para la época.
La tragedia no tardó en golpearles: ella murió víctima de la viruela, y poco después José, contagiado, siguió su destino. Su última voluntad, sin embargo, fue tan singular como emotiva: ser enterrado de pie, frente a la tumba de su amada, para poder mirarla eternamente. Su familia cumplió su deseo y mandó erigir una tumba vertical de mármol en el cementerio de San Martín, justo frente al mausoleo de los Sáenz de Heredia. Desde entonces, José Mauleón descansa mirando hacia la mujer que amó, en lo que se considera la única tumba vertical de España.
Entre leyendas y cigüeñas
Esa mezcla de romanticismo trágico y vida natural define a la perfección la esencia de Alfaro. Sus tejados rebosan vida gracias a las cigüeñas, mientras en su cementerio pervive una historia que habla de fidelidad más allá de la muerte. Es una localidad donde lo cotidiano y lo extraordinario se dan la mano: el vuelo de las aves contrasta con la quietud del mármol que custodia una historia de amor.
Pero este municipio riojano no vive solo de mitos. Además de sus iglesias y palacios, ofrece un entorno natural privilegiado. Muy cerca del núcleo urbano se encuentra la Reserva Natural de los Sotos de Alfaro, un pulmón verde formado por bosques fluviales a orillas del Ebro. Allí, los visitantes pueden recorrer senderos entre chopos y sauces, como la ruta del Soto del Estajao, un recorrido de apenas 565 metros que se completa en menos de una hora, o rutas circulares más amplias, como la que bordea el meandro del Estajao y regala las mejores vistas del río.


