En el corazón de la Cordillera Cantábrica, al noreste de la provincia de León, se encuentra uno de los rincones más sorprendentes y fotogénicos del norte de España: la Montaña de Riaño. Este territorio natural, que forma parte del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, se ha convertido en un destino de referencia para los amantes del turismo rural, la fotografía y las experiencias al aire libre. Y no es para menos: aquí los columpios se elevan hacia el cielo, los bancos gigantes invitan a sentirse diminuto y los paisajes parecen sacados de un cuento.
Uno de los grandes atractivos de la zona es el columpio gigante de Riaño, ubicado en el Mirador de las Hazas, a 1.200 metros sobre el nivel del mar. Esta estructura de madera de roble, con ocho metros de altura, permite a los visitantes balancearse mientras contemplan unas vistas espectaculares del embalse de Riaño y las montañas que lo rodean. Aunque ya no ostenta el título de columpio más alto de España, sigue siendo uno de los más icónicos y fotografiados.
El acceso al columpio es sencillo: se puede dejar el coche en el aparcamiento junto al camping de Riaño y seguir una pista forestal que conduce al mirador. En el camino, una bifurcación señaliza dos rutas: la de la derecha lleva al columpio y la de la izquierda al Mirador del Alto Valcayo, otro punto panorámico que merece la pena visitar. En este segundo mirador se encuentra una escultura en forma de corazón que se ha convertido en símbolo romántico de la zona, además de paneles informativos y una antigua torreta de vigilancia.
La Montaña de Riaño, llena de miradores mágicos
Pero Riaño no se conforma con un solo columpio. En el cercano pueblo de Lario, en el valle de Valdeburón, se alza otro balancín gigante de nueve metros de altura. En su respaldo puede leerse el mensaje “Siéntate y siente”, una invitación a conectar con el entorno y dejarse llevar por la calma. Desde allí se divisan los picos de Yordas y Peña Ten, y una parte del embalse, lo que convierte el lugar en otro punto privilegiado para la contemplación y la fotografía.
A estos elementos se suma el banco gigante de Burón, considerado el más grande de León. Situado en un entorno natural de gran belleza, este banco ofrece una perspectiva única del paisaje, con el pico Burín como telón de fondo. Sentarse en él es una experiencia que combina humor, asombro y una sensación de pequeñez frente a la inmensidad de la montaña.
Pero La Montaña de Riaño no solo destaca por sus instalaciones singulares, sino también por su riqueza natural y cultural. El territorio incluye valles como Sajambre, Valdeburón, Tierra de la Reina y el Valle de Lois, y pueblos con encanto como Maraña, Acebedo, Boca de Huérgano, Prioro y el propio Riaño, centro neurálgico de la zona. La gastronomía local, basada en productos como quesos, mieles, embutidos y carnes de montaña, completa la experiencia con sabores auténticos y tradicionales.
Además, el embalse de Riaño, que anegó nueve pueblos en los años 80, ha dado lugar a un paisaje de fiordos leoneses que puede recorrerse en barco. Esta actividad permite descubrir el entorno desde otra perspectiva y conocer la historia de una comarca que ha sabido reinventarse tras la pérdida de sus pueblos originales.
En otoño, la zona se convierte en escenario de la berrea del ciervo, un espectáculo natural en el que los machos emiten sonidos para atraer a las hembras y compiten entre sí chocando sus cornamentas. Este fenómeno, que se puede escuchar en varios puntos del parque, añade un componente salvaje y emocionante a la visita.
En definitiva, la Montaña de Riaño es mucho más que un destino rural. Es un lugar donde la naturaleza, la creatividad y la emoción se dan la mano para ofrecer una experiencia inolvidable. Columpiarse sobre el vacío, sentarse en un banco descomunal o contemplar un corazón gigante entre montañas son solo algunas de las razones para dejarse conquistar por este rincón leonés.


