El primer edificio declarado Monumento Nacional en España está en Castilla y León: fue una decisión de Isabel II y estuvo a punto de derrumbarse

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Se trata de una joya del gótico y pionera en la protección del patrimonio español, renació piedra a piedra tras un siglo de ruina

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Catedral de León
Catedral de LeónTurismo León
  • Martina Sábato

    Redactor

A mediados del siglo XIX, cuando la conservación del patrimonio aún era una idea incipiente en España, un edificio en el corazón de León estaba al borde del colapso. La majestuosa Catedral de Santa María, conocida como la Pulchra Leonina, había sufrido siglos de grietas, derrumbes y “chapuzas” constructivas que la habían dejado al límite de la ruina.

El 28 de agosto de 1844, la reina Isabel II firmó la Real Orden que la convirtió en el primer Monumento Nacional de España, según recuerda 'National Geographic', dando origen a la figura de protección que hoy conocemos como Bien de Interés Cultural.

Una joya gótica con cimientos frágiles

Catedral de León
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El templo comenzó a levantarse hacia 1205 sobre un terreno con historia: allí se alzaron antes un palacio real, una catedral románica y, todavía más atrás, unas termas romanas. Su trazado, inspirado en la Catedral de Reims aunque reducida en un tercio, la convirtió en un referente del gótico francés en la península. Tal y como detalla Turismo de León, “una característica peculiar es que las torres aparecen separadas de la nave central mediante arbotantes”, una innovación arquitectónica que acentuaba su verticalidad y su delicado equilibrio estructural.

Sin embargo, aquella audacia estética tuvo consecuencias. Las cimentaciones sobre suelos inestables, la mala calidad de la piedra y la gran cantidad de vidrieras —que reducían el peso de la piedra pero comprometían la resistencia del conjunto— provocaron que la catedral comenzara a resquebrajarse apenas concluida su torre sur, a mediados del siglo XV. La leyenda popular atribuyó las grietas a las travesuras de un topo que roía sus cimientos por las noches, aunque la realidad era menos fabulosa: errores técnicos y materiales deficientes que hicieron de la Pulchra Leonina una obra tan hermosa como frágil.

Una catedral que se salvó del derrumbe

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Durante siglos, la Catedral de León fue reparada una y otra vez, aunque sin resultados duraderos. Las intervenciones se sucedieron desde el siglo XV, agravadas por una desafortunada decisión en 1631, cuando el arquitecto Juan de Naveda añadió una gran cúpula sobre el crucero. Aquella incorporación desestructuró la nave central y provocó nuevos hundimientos que, según 'National Geographic', dejaron el templo “en una ruina incipiente a mediados del siglo XIX”.

Cuando la situación parecía insalvable, la intervención de Isabel II marcó un punto de inflexión. La monarca ordenó su protección oficial, y con ello nació la “Gran Restauración del siglo XIX”, un proyecto sin precedentes que se prolongó durante más de cuatro décadas. Dirigida por el arquitecto Juan de Madrazo, la obra consistió en desmontar y reconstruir la catedral piedra a piedra mediante un ingenioso sistema de andamiaje. La operación despertó tanto interés que “periódicos de medio mundo hablaron de ella”, y la familia del arquitecto llegó a documentar el proceso con una serie de fotografías hoy conservadas en el Museo del Prado.

El renacer de la Pulchra Leonina

El 27 de mayo de 1901, la catedral reabrió sus puertas tras 42 años de restauraciones, en una gran celebración que se prolongó tres días. Aquel hito no solo devolvió la vida a uno de los monumentos más emblemáticos del gótico español, sino que también inauguró una nueva era en la conservación del patrimonio. Desde entonces, la Pulchra Leonina ha sido considerada el símbolo de la restauración monumental en España, punto de partida de una lista que hoy incluye más de 30.000 Bienes de Interés Cultural.

El interior del templo, como recoge Turismo de León, resume la concepción teológica medieval del universo. Su luz filtrada por las más de 1.800 vidrieras —que representan motivos vegetales, santos y reyes— convierte el espacio en una experiencia casi espiritual. “Las vidrieras hacen referencia a los tres niveles conceptuales del mundo”, explica la fuente, reforzando el vínculo entre la belleza material y la trascendencia religiosa.

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