
Carácter ganador
En su libro Once anillos, el laureado entrenador de la NBA Phil Jackson, explica que después de ganar el primer campeonato les dijo a sus jugadores: “El primer título se gana por talento, el segundo, por carácter”. Me parece un comentario muy acertado, porque cuándo se ha ganado un título, el jugador tiende a relajarse o distraerse con los compromisos y alabanzas que el éxito trae consigo. Carácter significa mantener el foco, el esfuerzo, la humildad, seguir siendo un equipo.
Hansi Flick, entrenador del F.C. Barcelona, lo ha dicho de otra manera: debemos mantener el ego a raya. También Jackson hacía mención al ego, cuando les hacía ver a sus jugadores que el ego del equipo debía ser superior al de cada uno, ya que les unía un fin más alto que cada uno de ellos.
Cuando repasamos las cualidades de un deportista, pensamos en las capacidades físicas, las habilidades técnicas y tácticas, pero con frecuencia olvidamos el carácter. Y el carácter es esencial para llegar al máximo. Basta pensar en algunas virtudes que conforman el carácter: autocontrol, trabajo en equipo, orientación al logro, ambición, gestión del estrés, adaptabilidad, compañerismo, humildad, por citar algunas. El carácter te hace competir mejor. Cuando Fran Garagarza, director deportivo del R.C.D. Espanyol, entrevista a los posibles fichajes, se fija en cómo saludan y en los pequeños detalles que reflejan el carácter del jugador. Mike Krzyzewski, galardonado entrenador de baloncesto de la Universidad de Duke y entrenador del equipo olímpico que ganó la medalla de oro en Pekín 2008, en las entrevistas de selección de jugadores, se fijaba en cómo miraban a sus padres durante la conversación. Su razonamiento era: si veo respeto y admiración por sus padres, es probable que lo tengan hacia mí como entrenador.
El deporte es también un gran forjador del carácter, y en las categorías inferiores esta debería ser una de nuestras prioridades. Mandela afirmaba que el deporte tenía el poder de cambiar el mundo, porque es un gran medio de unión y educación. Todos estamos convencidos de esto, pero, ¿tenemos algún plan? ¿una metodología para hacerlo? El deporte es un gran medio para educar, porque es divertido, espontáneo y natural; porque sigue siendo un ámbito donde la exigencia, el esfuerzo, el sentido positivo de la autoridad, la obediencia y el significado del fracaso son vistos de manera positiva. Y también porque tiene consecuencias, aspecto muy necesario en una sociedad sobreprotectora, en la que los jóvenes pocas veces sienten las consecuencias de sus decisiones y sin consecuencias el aprendizaje es muy pobre.
Aprender, formar el carácter y cuidar la salud deberían ser los tres ejes del deporte de base. Ganar será una consecuencia y ganarse la vida con el deporte uno de los muchos frutos, pero no el principal. Ya lo decía Phil Jackson: nuestros objetivos van más allá de la victoria.
La formación del carácter del deportista es tan importante que hoy existen programas que ayudan a los entrenadores a trabajar estas virtudes de forma sistemática -como bchampion.org, que impulsamos desde la Fundació Brafa-. Porque, como decía John Wooden, ganador de diez títulos universitarios, “un buen entrenador cambia partidos; un gran entrenador cambia vidas”. Y cuando le preguntaron si había tenido éxito con Karim Abdul Jabar, a quien entrenó en su etapa universitaria, respondió: “Te lo diré dentro de 20 años”. El carácter es el gran legado que se llevarán del deporte los niños, y aquellos que lleguen a la élite valorarán también la importancia que el carácter ha tenido en su rendimiento.