No se ha jugado aún un partido oficial y, desde luego, no me parecía que el Barça estuviese encarando el arranque de la temporada de la mejor manera, a causa del asunto Ter Stegen. Urgía, por el bien del club, que esto se arreglara pronto porque estas cosas pueden acabar teniendo un ‘efecto espejo’ muy nocivo en un vestuario. Tal y como se han llevado las cosas, la solución no pintaba precisamente sencilla. Pero en contra de lo esperado, el portero lanzó ayer vía comunicado un guante. Y bien hizo el Barça en recogerlo cuanto antes: ya no hay expediente y vuelve a ser capitán.
No nos engañemos. En el fútbol de todas las épocas todos siempre miran por cada uno, futbolistas y clubs. Es normal y es humano. Pero no me gusta que de mi club últimamente hayan salido como han salido Suárez, Xavi, Koeman o Messi. Por eso tampoco me ha gustado nada que Ter Stegen pasara, en un visto y no visto, de héroe a villano. En cuatro días, como quien dice. Que en el fútbol actual el dinero pasa por encima de todo, incluso de lo deportivo, cada vez está más claro. ¿En qué otra época se habría ido un titular del Barça a Arabia dejando esta sensación de satisfacción y alivio económico en el club que lo pierde?
Siempre he creído que la clave para solucionar cualquier conflicto es ponerse en la piel del otro. Ter Stegen tiene un contrato largo que le firmó el Barça y no creo que haya hecho nada para que pasara ahora como un rebelde. Humanamente es entendible que, tal y como han ido las cosas, un futbolista pudiera tener la rara sensación de que si ayudaba al club con su baja nunca más tendrá la opción de que le dieran otra vez de alta con oportunidad real de jugar. Por su parte, el club tiene derecho a fichar a quien desee, pero asumiendo que tiene a un portero al que le firmó hasta 2028. Las temporadas hay que cuidarlas desde los detalles porque para estropearlas ya se encargan los malos resultados. El Barça no los ha tenido, porque hasta ahora ha jugado solamente amistosos y los ha ganado todos. Por eso me llama la atención que desde el club se haya contribuido estos días a que un futbolista que lleva más de una década aquí salga con la imagen castigada por cosas como la retirada de la capitanía, finalmente restituida. “Si este era dios y ahora pasa por esto, ¿qué me puede ocurrir a mí cuando ya no interese?”, podían pensar los demás. Por suerte, esta tormenta se ha calmado. Pero tengo la sensación que se la podían haber ahorrado. La imagen del club hay que mimarla más.
El segundo año de un técnico es más difícil
La segunda temporada de un entrenador es, desde el punto de vista del mensaje, más difícil que la primera. Cuando ven llegar a un banquillo a un nuevo técnico, los futbolistas siempre empiezan con la expectativa de convencerle y eso genera un impulso positivo. En la siguiente campaña, las bases futbolísticas y tácticas ya están más consolidadas y, desde esa perspectiva. es más sencillo para un entrenador. Pero lo que cuesta más es que su discurso mantenga la potencia, porque el plantel ya sabe quienes están ‘muy contentos’, quienes están ‘menos contentos’ y quienes están ‘nada contentos’. De manera que crece el riesgo de que el futbolista reciba la orden de su entrenador con un “¡otra vez lo mismo!”.
Hago esta reflexión aludiendo nuevamente a la situación generada con Ter Stegen. Durante la gira por Asia, Flick habló de que la capitanía la resolvería el propio vestuario que, a su vez, a través de algunos futbolistas apoyaron al portero. Pocos días después, el club comunicó oficialmente que a Ter Stegen se le quitaba el brazalete. Una lesión no justificaba la ‘degradación’. Y, ojo, no convenía ir a la contra de lo que había defendido el técnico. Ni tampoco poner al ascendido a primer capitán, Araujo, en un compromiso. Parar este golpe era imprescindible. Pero el ruido se ha oído hasta en Alemania. La próxima. mejor negociar que ir a la guerra.