El bostezo de Simone

El bostezo de Simone

En plena final, la cámara captó un expresivo bostezo de Simone Biles, la campeona norteamericana de 27 años que se colgó el primer oro de París con su equipo. No tenía sueño, ni seguramente estaba relajada. El bostezo es también un mecanismo para mantenerse alerta, protector del cerebro en situación de estrés, un efecto de defensa. Biles pasó del apagón de Tokio al bostezo de París. En la ciudad de la luz volvió la claridad para una atleta extraordinaria que regresó para sonreír después de sufrir, publicitar y recuperarse de la ansiedad, de una enfermedad mental en Tokio y declarar al mundo que las grandes deportistas no son robots. Tal vez por eso bostezó.

Biles mide 1,42 y pesa 48 kilos. Nadia Comaneci, la última reina de la gimnasia, medía 1,62 y pesaba 46 kilos cuando conquistó el mundo con 14 años en Montreal 1976. Los marcadores solo estaban preparados para tres cifras y después de su sensacional ejercicio apareció un 1,00 que nadie entendió. La máxima puntuación era 9,95. Pero los jueces le dieron un 10, el primero de la historia, una actuación perfecta. Comaneci fue una reina tierna; Biles es una reina potente, aunque mida 20 centímetros menos al conquistar su quinto oro. Está muy cerca de la tierra pero compite en el cielo y salta donde nadie llega, inventando movimientos y siendo la atleta con más medallas de la historia (38) entre Mundiales y Juegos. Y le faltan todavía cuatro finales. Solo no disputará las asimétricas, el ejercicio en el que se siente menos cómoda. Puede igualar los nueve oros de la rusa Larisa Latynina, un gran récord que quedó al final superado por Michael Phelps, que logró 23 oros en cinco Juegos Olímpicos. La gimnasia siempre ha generado atletas impresionantes y reinas icónicas. París tiene en Biles a la reina de la luz después del apagón, a la gimnasta mágica capaz de bostezar antes de dejar al mundo con la boca abierta.

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