¿Se ha de anunciar el adiós?

¿Se ha de anunciar el adiós?

Jürgen Klopp no es sospechoso de casi nada. Si ha dicho adiós es por algo. Aduce que se le ha acabado la energía y eso que él lleva prácticamente diez años en el Liverpool. No es un tiempo menor y ha descargado muchas dosis de empatía, fuerza, motivación y excelencia. El técnico alemán ha anunciado su marcha para junio. Una decisión de doble filo. Hay quien piensa que es un error porque el equipo lo nota y los jugadores saben que el jefe se va, lo que perjudica al grupo. Pero parece más potente la teoría de que de esta forma también une más al grupo en torno a un objetivo -llámese homenaje- para acabar una etapa en lo más alto. Podía mantenerse en secreto, pero en el mundo del fútbol es muy difícil mantener una decisión de este tipo sin que salga a la luz. Y los futbolistas, el vestuario, nota todos los gestos. No es lo mismo un entrenador que anuncia que se va y hace un discurso a sus jugadores para acabar una temporada histórica que un técnico que sabe que se va pero no lo dice.

Diez años son muchos y Klopp ha estado a la altura del gran club que entrena. Ha sabido estar en lo más alto y cuando han venido mal dadas. La sensación siempre ha sido la de un tipo natural, implicado y entusiasta, tres características básicas para triunfar en el deporte (en la vida) y que se han visto acompañadas por el talento. Quiere un año sabático y se lo merece. De aquí a final de temporada intentará que todos lo den todo, luego descansará y volverá con más fuerza. Resulta mezquino vincularlo ahora al Barça porque hay un entrenador que ganó la pasada Liga y suena a falta de respeto ponerle nombre a una silla ocupada. Cada cual está en su lucha y debe tirar adelante sus proyectos. Que hay presión en los banquillos y en los terrenos de juego es evidente. También en el palco y en los pupitres, y en las fábricas y en los puestos de trabajo y en cualquier familia. Los grandes cracks son buenos, pero también privilegiados. Humanos, pero afortunados. En el deporte de elite hay gran cantidad de deportistas que soportan una inmensa presión y no reciben una compensación económica a la altura de la tensión y el esfuerzo. Hay que poner en valor todo. Klopp ha actuado como todo el mundo pensaría que actuaría Klopp. No engaña.

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