El gesto del Dakar

El gesto del Dakar

Sébastien Loeb, nueve veces campeón del Mundial de rallies, se encontraba parado, con su coche averiado en una zona peligrosa de piedras, despidiéndose de sus opciones de ganar el Dakar cuando vio pasar a su máximo rival, Carlos Sainz, y le hizo un gesto de extrema deportividad, alertando al piloto español de que aminorase su marcha por la dificultad del terreno. Fue un bello gesto entre dos campeones. Sainz acabó ganando el Dakar y Loeb lo aplaudió.

Carlos Sainz, 61 años, conquistó su cuarto Dakar y ahora debe celebrar un triunfo tan difícil como merecido y después plantearse el futuro. Se ha ganado el derecho a decidir qué va a hacer. Sainz es muy competitivo y reflexivo. Se abre una etapa en la que puede aceptar la oferta de Ford (el coche de Audi deja el Dakar) u otras alternativas. Es un piloto que asegura triunfos. Posee una personal forma de entender el deporte y eso le ha hecho un gran campeón. Sainz es muy meticuloso, detallista, trabajador. No le importa llamar a un mecánico a las 8 de la mañana para corregir alguna cosa o a un ingeniero a las 12 de la noche. Es muy exigente consigo mismo y con su equipo. En el 2020 para bajar el peso del coche le dijo a un mecánico que le desmontara el aire acondicionado. Está en todo. Con todo. Esa es la fórmula del éxito.

Sainz rompió moldes en el mundo del motor, ya que cambió el paradigma de los pilotos. Con su irrupción se empezó a trabajar el físico, algo que en aquella época no se consideraba importante y muchos compañeros suyos copiaron su forma de entrenar, con cantidad de días de test e implicándose en todos los aspectos de la competición, desde la conducción a la mecánica, la parte física o la ingeniería. Sainz es un piloto total. Capaz de ganar en tierra, en hielo, en asfalto o en arena concretamente a los expertos del desierto. Antes los pilotos eran más especialistas. Hoy ya se reconoce lo que llegó a cambiar Carlos Sainz en el mundo del motor. El gesto de Loeb fue la imagen del Dakar, pero compitió en primera línea también con el abrazo entre Carlos Sainz y su hijo, una generación de extraordinarios competidores.

Cargando siguiente contenido...