El termómetro de la presión

Ya hace años que Klopp definió la presión como el mejor media punta en el fútbol moderno. Nada desestructura más un módulo defensivo que su transformación para atacar porque cuando un equipo quiere progresar con el balón se olvida de protegerse, necesita exponerse para buscar la portería rival. Ahí, una recuperación es una oportunidad de gol. En cambio, cuando el oponente sólo piensa en evitar el ataque rival, escoge la disposición más efectiva para su propósito. Sin distracciones.

Por todo ello, la presión se ha convertido en un argumento imprescindible de cualquier equipo grande. Incluso ha pasado a ser un elemento clave para determinar el estado de salud del paciente, el hambre competitivo. El Barça es un claro ejemplo porque ha perdido la pasión en la ejecución de ese ejercicio, lo que transmite el tono actual blaugrana. Sólo la ha recuperado cuando han aparecido las urgencias y en estos casos, muy a menudo, la necesidad puede convertirla en desordenada. La presión es un hábito de vida, es imprescindible integrarla en la personalidad. Y el Barça ha perdido ese atributo.

Todo el equipo debe implicarse en ese paso adelante, sobre todo los delanteros porque son los primeros en manifestarse, lo que ven el resto del equipo. Si ellos tensan la cuerda, la segunda línea se atreve a saltar con seguridad y la línea defensiva no se puede permitir la tentación de apalancarse. Se defiende mejor y provoca atacar en óptimas condiciones. Si la intensidad es baja, sólo algún rebelde indomable como Gavi desafía la tónica general. Si es alta, nadie quiere quedar retratado. Y este equipo tiene muchas almas influenciables y pocas capaces de tirar de los remolques.

Cuando el equipo funciona en esta asignatura, se siente sano y fuerte, como contra el Atlético. Cuando se olvida de ella, no hace falta ni recurrir a algunos pasajes dolorosos contra el Girona, el Shakhtar o el Almería les hace temblar. No se puede dejar pensar, no se puede llegar tarde, no puede haber desconexiones. Sin buena presión, no hay buen fútbol.

El gran tapado

El Big Six de la Premier (Arsenal, Liverpool, Tottenham, City, United y Chelsea) debería pasar una actualización para ver si incorpora a la revelación: el Aston Villa de Unai Emery. Sus últimas victorias contra City y Arsenal más su fiabilidad competitiva lo han catapultado a la tercera posición, a un punto del liderato. Unai lo ha vuelto a hacer. Quizás no enamora, no tiene grandes individualidades, pero su equilibrio, riqueza táctica y dominio de las áreas lo han infiltrado entre los mejores. Veremos si resiste con el Dibu Martínez en la portería, Pau Torres en el eje de la defensa, Alex Moreno o Digne en el lateral izquierdo y el brasileño ex-Girona Douglas Luiz como director de orquesta. La prueba del algodón llegará con el loco calendario navideño.

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