Más allá de la victoria

Más allá de la victoria

En junio de 2010, los All Blacks, la selección de rugby de Nueva Zelanda, derrotaron a Gales por un contundente 42-9. Después de la victoria, los jugadores de los All Blacks se retiraron al vestuario y se pusieron a barrerlo, mientras los aficionados aún jaleaban enloquecidos la victoria de su equipo.

Y es que entre los principios del equipo está que “nadie cuida a los All Blacks. Los All Blacks se cuidan a sí mismos”. Por eso barren el vestuario. Los jugadores lo tienen muy claro: “Se trata de no esperar a que otro haga tu trabajo. Eso te enseña a no esperar que te regalen las cosas. Si en tu vida tienes disciplina personal, serás más disciplinado en el terreno de juego. No te hará ganar siempre, pero sin duda, en el largo plazo te hará mejor como equipo”.

No en vano, los All Blacks son el equipo más exitoso del mundo. En los últimos 120 años han ganado el 80% de sus partidos. Saben que lo más importante es preservar su identidad: lo que son, lo que representan y por qué existen. Eso está por encima de los resultados. Cuando un jugador llega por primera vez a la selección y le dan la camiseta negra le dicen: “Que cuando dejes esta camiseta, tenga más honor que cuando la has recibido”.

Otro equipo con una fuerte identidad son los Chicago Bulls, Phil Jackson, su entrenador, la sintetizaba con esta frase: “Nuestros objetivos van más allá de la victoria”. Dentro de unos días empezará la competición en el deporte de base, buen momento para pararse a pensar el significado del deporte y el sentido de la competición.

Competición proviene del latín: el prefijo com, que significa "con", seguido de petere, que significa "esforzarse o buscar". Por lo que competición significa "esforzarse o buscar con". La competición es una oportunidad para esforzarse o buscar la excelencia con el rival. Me esfuerzo con, no contra. El rival me ayuda a poner en práctica todas mis capacidades y habilidades. Ya no busco ganar, sino dar lo mejor de mí mismo.

Cuando nos fijamos únicamente en el resultado, todo se complica. Ya no estamos satisfechos si hemos competido bien (esfuerzo, destrezas, concentración, táctica, etc.), pues todo se basa en el resultado. Algunos llaman a este enfoque descompetición. Cuando el objetivo es ganar, no dominamos todos los factores de la competición: nivel del rival, presión del público, inclemencias del tiempo, errores arbitrales. Esto crea estrés y desvía nuestra atención, que ya no se centra en nuestras capacidades.

La verdadera competición nos conduce a la excelencia. Controlamos lo que depende de nosotros y nos centramos en eso. Nos fijamos en nuestro desarrollo, no en el resultado, y entonces el resultado es mejor. No caben las palabras mentir, engañar y robar. Tampoco tienen cabida la ira, las peleas, el menosprecio o la humillación.

La verdadera competición tiene que ver también con mi identidad: me comporto según lo que soy y doy lo mejor de mí mismo. Ganar o perder no define mi identidad. Tampoco la define mi rival. No compito para derrotarle, sino que el contrincante me ayuda a dar lo mejor de mí mismo.

Ganar o perder es una consecuencia, pero no lo más importante, porque nuestros objetivos van más allá de la victoria y nuestra identidad nos lleva a dar lo mejor que tenemos. Este es el verdadero enfoque de la competición, especialmente en el deporte formativo. Ojalá que los padres de los niños que empezarán a competir dentro de unos días tengan unos objetivos que vayan más allá de la victoria.

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