Presión a Rubiales

Presión a Rubiales

El presidente de la Federación, Luis Rubiales, no ha convocado una Asamblea para dimitir sino para salir reforzado. La presión es muy grande, pero el dirigente espera dar explicaciones más extensas (se lo exigió de alguna manera Pedro Sánchez) y que los suyos lo aclamen o, cuanto menos, lo mantengan a la espera de que el tiempo descienda la presión. Se equivoca. La presión no va a bajar. Jenni Hermoso ya ha roto su silencio pidiendo que no quede impune y el ministro Iceta avisa que el CSD actuará si no lo hace la RFEF. Ahora es difícil mantener que todo es fruto de una conspiración. Es cierto que la política ha entrado a saco pero no es solo el lamentable gesto del beso sino también su actitud tocándose los genitales al dirigirse a Vilda y todo el tono de una celebración en la que fue muy difícil identificar lo que debería ser la figura del presidente de la Federación.

Lo peor es que Rubiales no cree  que haya hecho nada malo. Él piensa que se ve arrastrado por la opinión pública y publicada y hace unas declaraciones extemporáneas insultando a quien lo critica, para después, ante la magnitud de la tragedia, rectificar sin arrepentimiento. Será muy difícil mantener su silla tras los idus de Sidney. La Federación es una entidad privada, de interés público y Rubiales se bunkerizará con los suyos, pero esta vez quedará tocado. Será complejo también que la Asamblea no reclame algo más que una explicación. Al final sus gestos siempre se llevaron a cabo en el ejercicio de la representación de su cargo institucional como presidente de la Federación. Allí también estaba Gianni Infantino, presidente de la FIFA y, al final, también hay una candidatura de España para la organización de la Copa del Mundo. Y el CSD, que escuchará las explicaciones en la Asamblea y deberá tomar partido. La presión no parará con el acto de apoyo montado para mañana. No se puede actuar sin filtros cuando se es presidente de la Federación. No se debería hacer aunque no lo fuera, pero el ejercicio del cargo implica unos protocolos que no pueden saltarse. Los gestos fueron lamentables, pero en el fondo Rubiales no lo cree así. Sus primeras palabras son las más sinceras y las más duras en un entorno que no ha dudado en ningún momento en señalar la gravedad de unos gestos que han minusvalorado un éxito descomunal.

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