Las angulas van caras

Las angulas van caras

José María García, con aquella proverbial facilidad que tenía para colgarles motes a toda una serie de personajes granujas que formaban parte de la fauna futbolística, le colgó a Enriquez Negreira el sobrenombre del “angulas”. Según parece por el gusto que tenía el colegiado de ingerir tan exquisito manjar, que en los mercados y en función de la época del año, se cotiza entre los seiscientos y los mil euros el kilo. Tampoco era el único gusto caro del que le gustaba disfrutar, porque no había un buen ágape que no quedase completado sin fumárse un buen puro ‘Cohibas’.

Enríquez formó parte de una peculiar generación surgida del colegio de árbitros catalán en la década de los ochenta, bajo la presidencia de Casajuana Rifá, que destacaban por cierto aire chulesco. Quien mejor representaba dicho papel era Mazorra Freire, ya fallecido, alias “Billy el rápido” por la facilidad que tenía para mostrar las tarjetas. Sin embargo, esto no era lo más destacado de su personalidad, ya que antes de dedicarse al arbitraje había sido mercenario profesional en algunos conflictos bélicos en el continente africano. Algo que pretendía esconder cuando con su punzante ironía se lo recordaba para su sonrojo el maestro Fernando Borderías.

Cuentan que con el terremoto que se ha originado con el descubrimiento de su asesoramiento arbitral al FC Barcelona durante diecisiete temporadas (2001-2018), Enríquez Negreira ha preferido perderse por un pueblo de la costa alicantina, mientras que su hijo Javier continua ejerciendo las funciones de acompañante de los equipos arbitrales que dirigen partidos en el Camp Nou. Algo que ha continuado ejerciendo más allá de la caducidad del contrato de colaboración con el Barça. Un ofrecimiento que descartó en su momento Josep Lluís Núñez, incrédulo de la utilidad de prácticas similares que acababan siendo auténticos timos de la estampita.

El del futbol es un mundo turbio donde abundan las corruptelas alimentadas por los propios organismos federativos, que suelen utilizar como amenaza las bondades o perjuicios de las actuaciones arbitrales a todo aquel que se sale del camino. El propio Núñez fue quien patentó aquella metáfora en que recordaba que “ibas al casino y siempre salía el mismo número premiado, el “deciocho”, eh”, en una clara alusión a los favores que recibía el Real Madrid, dueño y señor del poder federativo, hasta que el Barça empezó a desplegar su diplomacia para intentar replicar o al menos equilibrar el poder de los blancos en estas lides. Habrá que ver qué hizo Negreira, que mantuvo engañados con este acuerdo a presidentes tan diversos como Gaspart, Laporta, Rosell y Bartomeu.

No hay que olvidar una frase que hizo historia hace muchos años. “Mientras Plaza sea el presidente de los árbitros el Barcelona ganará la Liga”, amenazó escandalosamente el ex arbitro Antonio Camacho. Y se equivocó de una en veinticinco años”. La de la temporada 73-74, la del aterrizaje como futbolista de Cruyff en el Camp Nou.

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