En la larga carrera de Messi, el Bayern de Múnich ha sido siempre un hito en su carrera. Para bien y para mal, los enfrentamientos entre el mejor jugador de todos los tiempos y el potente campeón de Alemania han marcado la temporada de Messi. Tres de esos duelos ante el Bayern han pasado a la historia de Leo… y la del Barça.
En la 2012/13, un Messi espectacular, consiguió que el Barça de su querido Tito Vilanova lograse la Liga récord, la de los 100 puntos. Sin embargo, el argentino llegó mermado físicamente al doble enfrentamiento de semifinales de Champions. Poco o nada pudo hacer, renqueante, en el 4-0 de la ida. En la vuelta, ni tan siquiera pudo jugar, el Barça se quedó a un solo paso de la final y la temporada se juzgó como un fracaso. Con el tiempo, hemos visto que una temporada con el entrenador titular en Nueva York intentando curarse de un tumor maligno, con su amigo Jordi Roura en el banquillo, y con toda la plantilla en estado de shock, fue más que magnífica.
En mayo de 2015, de nuevo una semifinal de Champions entre Barça y Bayern. Y con Messi de protagonista, con Guardiola sentado en el banquillo rival. Ese fue el día que el Barça del tridente destrozó a Neuer y, especialmente, la noche que Messi rompió la cintura al central Boateng. Ese regate fastuoso fue elegido, años después, como el mejor regate de la historia del fútbol. El Barça se clasificó para la final y la ganó.
Por último, el 14 de agosto de 2020, a puerta cerrada en un estadio de Lisboa, en unos cuartos de final de Champions a partido único, Messi sufrió su peor de sus 778 noches como jugador del Barça. El 8-2 contra el rodillo bávaro, en la última noche de Setién, que debió ser también la última de Bartomeu, hizo que a los dos días el argentino mandase un burofax al Club para comunicar que se iba. Luego, la literalidad del contrato y la firmeza del Presidente en ese asunto, hizo que continuase un año más en el Barça.
Anoche, su irregular PSG recibió al Bayern en París, en la ida de los octavos de final. Era la primera gran cita mundial de Messi después de ganar el Mundial de Qatar, el argentino volvió a morder el polvo (0-1). Él estuvo frío, poco participativo y nada trascendente. Tocó el primer balón en el minuto cuatro, tiró una falta a la barrera, Pavard le privó del gol en su único remate y, precisamente, provocó la segunda amarilla del bravo lateral del Bayern. El equipo bávaro jugó como un equipo, hizo un monólogo de fútbol, creó todas las ocasiones y marcó un gol que le da alas para el pase a cuartos de final. El tanto lo anotó el mejor jugador del partido, Kingsley Coman, pero se lo deberían apuntar al portero Donnarumma que, por segundo año consecutivo, parece empeñado en apear a su equipo del sueño de ganar una Champions. Con la entrada de Mbappé pareció que el PSG todavía no está eliminado y que en Múnich habrá partido. De momento, por lo visto ayer, parece difícil que al insulso e individualista PSG de Galtier le alcance para ganar esta Copa de Europa.