Una pareja irrepetible

Luka Modric fue presentado como jugador del Real Madrid un mes de agosto de 2012. Toni Kroos llegó un par de años más tarde, procedente del Bayern Múnich y fichado sólo por 25 millones de euros. El jugador había decidido dejar Baviera después de un desencuentro con su renovación. El Bayern no llegaba al dinero que el agente y el futbolista exigían y entonces apareció en escena el Real Madrid ante la incredulidad de Guardiola, que no quería dejar escapar al futbolista.

Entre los dos han conseguido 40 títulos con el Real Madrid, entre ellos 9 Champions. Claro que más allá de los éxitos deportivos se recordará su legado como futbolistas, su manera de entender el juego en todos los sentidos. Su capacidad para ser un estilo en si mismos. Modric ha conseguido algo que parece imposible, ser aplaudido allá por donde va, incluso cuando es sustituido en la semifinal de un Mundial. Kroos se ha ganado el derecho a decir adiós cuando él quiera, consciente como nadie del límite de su cuerpo y su ambición. Jugadores ganadores y competitivos, tanto como respetuosos con sus rivales. A Kroos le han expulsado una vez en sus quince años de profesional, a Modric dos veces en su periplo como madridista.

Tanta es su influencia y peso en la última década que el Madrid se afana en buscar sustitutos que jamás serán lo mismo, aunque mitiguen de alguna forma el eco de una estela irrepetible. La que algún día dejarán dos futbolistas que tuvimos la suerte de ver en nuestra liga, uno llegó tras vivir la guerra de los Balcanes, el otro nació en uno de los lugares más fríos del planeta.

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