Tras caer derrotado por sorpresa ante el Nottingham Forest este sábado, el Liverpool ha acumulado en lo que va de temporada tantas derrotas como en todo el curso pasado. Cuatro. Y contando solo la Premier League, son más. Tres en 11 jornadas de la edición actual contra 2 en las 38 de la pasada. Son datos que hablan por sí solos respecto al momento que atraviesa el conjunto 'red'. Y aunque los equipos a los que se ha enfrentado tienen su mérito en estos números, el peor rival de los de Jürgen Klopp es el propio Liverpool.
Muestra de ello es lo sucedido este sábado ante el Nottingham Forest en un duelo en el que fue la escenificación de un 'quiero y no puedo'. El Liverpool dominó y llevó la iniciativa en el juego, sí, pero sin el colmillo necesario como para que los 'tricky trees' sintieran el miedo. Vaya, que no pareció que el visitante de City Ground fuese el temido Liverpool de Jürgen Klopp. O cuanto menos no el equipo que se presupone que es atendiendo a cómo se ha desarrollado estos últimos años.
El momento que atraviesa el Liverpool precisa de autocrítica. El fútbol es un juego que evoluciona a marchas forzadas, y lo que un día es un plan infalible al siguiente no sirve para ganar. Y no es que haya que hacer saltar todo por los aires cada dos por tres, pero sí que es necesario acertar con los matices que se aplican a un plan, y en el Liverpool 2022/23 no está aconteciendo eso.
Se ha hablado mucho del periodo de adaptación de Darwin Núñez y la necesidad de sacarle al uruguayo el máximo jugo posible, pero ese no ha sido el único lastre del Liverpool en el tramo inicial de esta temporada. Porque ha habido partidos buenos, sí, pero ni mucho menos existe la sensación de que el cuadro 'red' sea la apisonadora que era antaño. Cualquiera se siente capaz de plantarle cara a un equipo que es el peor rival de sí mismo. Cada vez existe menos miedo a este Liverpool, y Klopp debe tocar las teclas necesarias para revertir esta situación.