Las lágrimas de Serena
PANTALLA PLANAS
El adiós de Serena Williams lo vimos la noche del sábado al domingo en Eurosport, en su partido contra Ajla Tomljanovic en el US Open. Eran pasadas las cuatro de la madrugada. Casi a la misma hora que el hombre llegó a la luna cuando los cohetes sí despegaban, los espectadores españoles pudieron ver en directo el último partido de la tenista más grande de todos los tiempos. La trascendencia de su último partido se notaba en la cara de la jugadora, en la grada y en la realización televisada del evento. Acertó el realizador en mostrarnos al director de cine Spike Lee en la grada grabando con su propio móvil la gesta. Álvaro Benito y Anabel Medina narraban lo que sucedía en la pista Arthur Ashe. “Da penita que pueda ser su último juego” apuntaba la comentarista que sabe lo que es tener a Serena al otro lado de la red. La televisión mostraba el entusiasmo del público: la gente estaba de pie cuando Serena podía ganar un set e, incluso, cuando podía ganar un juego para que no fuese el último. Era la cuenta atrás hacia la nostalgia. El partido, de más de tres horas, tuvo puntos mágicos y tenis de muchos quilates. Hasta que llegó el momento. La expectativa creciente alrededor de ese instante se precipitó de golpe. Hubo unos instantes de un cierto vacío. Casi un silencio de tanatorio, antes de la ovación rotunda. Tomljanovic, la ganadora, era invisible a las cámaras y su actitud se ajustó a su rol de secundaria en un día para los anales del tenis.
En el discurso de despedida de Serena Williams, Álvaro Benito tuvo el gran acierto de no pisar las palabras de la tenista y mantener limpio ese momento histórico. Sin esas traducciones que a menudo son como el perro del hortelano. Benito dejó que la audiencia escuchara su voz y su tono, donde más evidentes se hacen las emociones. El narrador se limitó a traducir su mensaje al final. Serena se secaba la cara mientras hablaba: “Son lágrimas de felicidad… pero no lo sé…”, dijo ella misma. “Es la mejor retirada que he visto nunca” confesó Mats Wilander en sus comentarios finales. Y definió el segundo el partido entre Williams y Tomljanovic como “un clásico del tenis”. Lo fue. Valió la pena madrugar
Mendieta duerme a las piedras
La elección de Gaizka Mendieta como comentarista es un error. Lo confirmamos en el Sevilla-Barça. No se trata de elegir exfutbolistas en función de su trayectoria y distribuirlos en el calendario de la competición. Mendieta no comunica, habla bajo, aporta poco y duerme a las piedras. No se ajusta a la intensidad del juego y aburre. Tanta obsesión de Tebas por controlar las emisiones de La Liga y falla en lo más elemental: la capacidad de conectar con la audiencia.