Sergio Busquets sigue siendo la piedra angular de este equipo, si es que alguna vez dejó de serlo. Quizás se camufla cuando el equipo brilla, los que lucen casi siempre son otros, pero hay que destacarlo especialmente en los partidos espesos, como en Frankfut o ayer en el Ciutat de Valencia.
De Busi se cuestionó su rendimiento y vigencia el pasado curso, en el que nadie consiguió rendir al nivel esperado. Entonces se veía a un Sergio más seguro y trascendente en la selección que en su propio equipo. Jugaba más arropado con España, no tenía que llegar él solo a todas la coberturas, y eso le permitía jugar más desahogado, pudiendo ofrecer más soluciones en fase ofensiva.
Este año estamos viendo a otro Sergio. A sus 33 años solo se ha perdido un partido de Liga. Es el jugador de la competición que más distancia ha recorrido, el que más balones ha robado en campo rival y el tercer máximo recuperador de LaLiga. Las estadísticas muestran su relevancia individual, pero para entender mejor este resurgir, hay que mirar al colectivo. Esta temporada, Busi juega mejor acompañado, en un equipo más solidario y donde nadie escatima una carrera en transición defensiva, y eso le otorga más libertad de movimientos. Igualmente conserva intacta esa virtud casi extraterrestre: tiene retrovisores incorporados, cuando se va arriba, siempre sabe qué deja atrás. Xavi le conoce a la perfección, y ha creado un ecosistema ideal para sacar lo mejor de, en su opinión, “el mejor mediocentro del mundo”. En este nuevo contexto, y pese a que los años pasan igual para todos, tenemos ‘Busisolutions’ para rato.