La retransmisión del amistoso entre el Barça y Boca Juniors en Arabia Saudí para homenajear la figura de Diego Armando Maradona era imposible percibirla como una emisión más de un partido de fútbol. La plena consciencia del espectador de estar presenciando un ejemplo de ‘sportwashing’ por parte del país organizador provocaba que la realización televisiva se entendiera de un modo muy distinto al habitual.
Arabia Saudí es un régimen dictatorial con una larga lista de denuncias internacionales por no respetar los derechos fundamentales de sus ciudadanos, y muy especialmente de las mujeres. Sabiéndolo, los planos que muestran al público en la grada no adquieren el mismo significado que el que le atribuimos cuando los vemos en las competiciones regulares. Y esto sucede porque sabes que lo que te están contando, en realidad, no es un partido de fútbol sino otra cosa muy distinta. La mirada del realizador intenta inducir al espectador a percibirlo con la misma naturalidad de siempre. Pero la mirada del espectador no es la misma. Los planos de la grada parecen postales pensadas para exhibir la presunta normalidad de la población. Incluso su felicidad.
El juego es un accesorio. El partido de fútbol se convierte en una puesta en escena para demostrar a la humanidad lo bien que tratan a sus ciudadanos, obsequiándolos con espectáculos de primer nivel. Incluso los planos con la presencia de mujeres parecen estar cuidadosamente elegidos sabiendo que es la imagen que necesitan proyectar.
La realización no paraba de enseñarnos lo que sucedía en el palco presidencial. En los trece minutos iniciales nos mostraron tres veces el plano de los emires que regentaban la ceremonia deportiva, enseñándonos a un niño sentado en el trono. Y aquí es donde se delata el servilismo y el mensaje de autoritarismo. Nos mostraron conversaciones de emires y el encuentro con la familia Maradona. Charlas amenas pasando olímpicamente del partido. En el descanso, con la actuación musical, los bailes y brincos de Villafañe, sus hijas y compañía parecían parte del contrato. Exhibir un festejo forzado a golpe de talonario.
En un futuro, haber claudicado y participar de estos eventos no se percibirá de la misma forma. Estos partidos se convertirán en imágenes de archivo y en algún momento nos avergonzarán incluso más que ahora.
Publicidad encubierta de cachimba
El anuncio a la tienda de cachimbas que hizo el martes el programa Once d’Esports3 fue inaudito. Sique Rodríguez denunció que algunos jugadores fumaran con la shisha y entre risas Xavi Valls le trajo una. Le insistieron (demasiado) para que fumara. El dueño de la tienda mencionó las virtudes de la cachimba. Sique apuntó: “Hay cosas que no puedo decir en una tele pública”. Esa dudosa propaganda tampoco tendría que haber tenido lugar en una tele pública.