La relación de Maverick Viñales y el equipo oficial Yamaha pasará a la historia como una de las más infructuosas. Ficharon a un niño de 21 años y como tal se comportó en los inicios, sin rumbo y entrando en bucles y mirando de reojo y con envidia como Honda lo daba todo por Marc Márquez mientras Yamaha no daba ni la mitad por quien ficharon, y renovaron dos veces, como el ‘anti Márquez’. Y fueron pasando los años y aquellos ‘pecados’ que le perdonaban por el bien de un título que no llegó dejaron de consentirlos, empezaron a cuestionarlo como el adulto que ya era, Maverick se sentía cada vez más solo y frustrado en un box donde no le querían, molestaban sus cuitas y comentarios. El “copia a Quartararo” fue un tremendo bofetón que no supo encajar. Ya se había roto el idilio por ambas partes.
Nunca fueron felices
OPINIÓN
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