
Una madrugada con Tyson
La madrugada del sábado al domingo, Movistar+ emitió, con previa suscripción extra de los abonados, el combate de exhibición entre Mike Tyson y Roy Jones. El regreso de Tyson a un ring y el reencuentro de dos leyendas generaba mucha expectativa. La plataforma emitió un programa especial de casi cinco horas, en un plató espectacular, conducido por el periodista Josean Redondo y con dos comentaristas: Joana Pastrana, actual campeona de Europa de peso mínimo y el actor Hovik Keuchkerian, que fue campeón de España de peso pesado y al que recientemente hemos visto en la serie ‘Antidisturbios’. Los tres siguieron el espectáculo organizado en el Staples Center de Los Angeles, que era más bien un concierto de rap con pausas para el boxeo. Como hubo tres combates antes del de Tyson, la noche se les hizo un poco larga. Aun así, en la previa, Pastrana y Keuchkerian funcionaron bien como comentaristas, analizando el mundo del boxeo, sus veladas y la vida después de colgar los guantes. Presentador y colaboradores admiraron el esfuerzo de Tyson por conseguir adelgazar 45 kilos y llegar al combate en aparente buena forma.
El ring era de medidas reducidas y el combate se limitó a ocho asaltos de dos minutos, aunque, como dijo Tyson al final, “ha habido ratos en que los dos minutos parecían tres”. Cuando solo llevaban un minuto del primer round, Keuchkerian sentenció: “No va a pasar nada. No se van a hacer daño”. Segundos después añadió “Pero va a estar muy bien. Va a ser muy bonito” intentando dejar algún resquicio de esperanza para el espectáculo. Había que vender entusiasmo. A partir de aquí, Keuchkerian dejó de desempeñar su labor de comentarista para convertirse en un espectador más. Más allá de sus problemas de tos que se hicieron notar a lo largo de la velada, sus aportaciones eran de pura entrega: “¡Madre mía!”, “¡Jojojojojojo!”, “¡Uooooh!”, “¡Qué maravilla!”, “¡Cuidao con las cabecitas!”. Pastrana quedó relegada a un tercer plano, como si no encontrara su momento para intervenir. El empate estaba cantado. Después del combate, ambas leyendas resoplaban agotadas. Roy Jones parecía haberse sacado un peso de encima y Mike Tyson estaba feliz. Dejó muy claro que repetirían la experiencia. Disfrutó más el púgil que la audiencia.
Mejor a cámara lenta
La iluminación disimuló un Staples Center sin público y con solo cuatro tristes aplausos de fondo. La pandemia restó, sin duda, gran parte de la épica del acontecimiento. Dos púgiles de 54 y 51 años, de más de 95 kilos y enganchados el uno al otro casi todo el rato. El combate no ofreció grandes dosis de espectacularidad, más allá de algún flash esporádico de brillantez. Sin duda, estos instantes se apreciaban mejor en las repeticiones a cámara lenta que en directo.