Amigo Diego

“¿Te imaginás que futbolista hubiera sido si no hubiera tomado coca?”. La pregunta la repetía Diego Armando Maradona a todo el mundo. La recoge Emir Kusturica en su famoso reportaje sobre la vida del ‘Pelusa’ de la que tuve el honor, la suerte, de compartir en buena parte de ella, desde que le conocí en el hotel Eurotenis de Villajoyosa dónde estaba su familia durante el Mundial de España-82. La selección de Argentina estaba concentrada en el Montíboli, justo al lado. Allí compartí su emoción por fichar por el Barça. Luego vimos partidos juntos, él vestido siempre con la camiseta azulgrana. Soñaba con hacer grandes cosas en el Camp Nou, ganar títulos. Quería fichar al ‘Gordo’ ( Rafa Gordillo ). Allí empecé a ser su amigo, con Guillermo Blanco , algo más que su jefe de prensa, auténtico hermano, como Fernando Signorini , su preparador físico de siempre.

Luego todo se torció con la terrible entrada de Andoni Goikoetxea en el Camp Nou. Ese día le dijo llorando al común amigo Joan Vilaprinyó , mientras iba en la camilla, abandonando el terreno de juego: “¡Juan, me quebró!”. Luego más calmado sólo preguntaba si podría seguir jugando al fútbol. Sí que pudo, pero ya no fue lo mismo. ¿Qué hubiera sido de su fútbol sin esa terrible lesión, sin tantas infiltraciones, sin un tobillo de ‘palo’? Con todo ganó casi él solo un Mundial en México-86, fue finalista con todo un país en contra en Italia-90 y le echaron del de Estados Unidos en 1994. Hizo campeón al Nápoles luchando ante la Juventus de Platini o el Milan de los holandeses. En el Barça no le dejaron hacer más cosas, convenía su traspaso por temas económico. Lástima de que su adiós fuera la maldita final de la Copa ante el Athletic.

Pero Nápoles pasó de ser una fiesta a una tragedia para él y su familia. La mafia le atrapó entre sus redes y utilizó la droga para esclavizarle. Vivió en una jaula de oro, pero sin llave. Le solicitó al presidente Josep Lluís Núñez poder volver al Barça, sólo le pedía la casa que tenía en Pedralbes. Utilizó a Josep Maria Minguella, el hombre que le trajo al Barça, de intermediario. Nunca hubo respuesta. Tampoco el Real Madrid, Juventus, Milan u Olympique de Marsella pudieron ficharle.

Su desesperación fue en aumento, igual que su pendiente sin fin en el mundo de la droga. Ganó el ‘scudetto’ y la Copa de la UEFA con el Calcio Napoli, pero fue poco botín para su inmensa clase. El propio ‘Mingui’ logró romper las cadenas que tenía en Nápoles y con ayuda de la FIFA, se lo llevó a Sevilla. Para pagarle jugaron una serie de amistosos que financiaron el fichaje.

Luego, tras jugar en Newell’s, colgó las botas sin abrochar que siempre calzó y se sentó en los banquillos hasta ser seleccionador de Argentina en el Mundial de Sudáfrica 2010. No fue lo mismo.

Hoy, el gran corazón que tenía Diego para sus amigos, familiares y conocidos ha dejado de latir. Tiene razón Messi : “Nos deja, pero no se va porque es eterno”. Estréchale la mano a Dios cuando llegues, recuérdale tu gol a Inglaterra. ¡Dale Diego , nunca te olvidaremos! Gracias por todo, amigo.

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