La mirada de Michael Jordan

La serie de Netflix sobre Michael Jordan y su última temporada en los Chicago Bulls ha llegado a su fin. Ha sido el espectáculo deportivo televisado al que más partido hemos sacado en estas últimas cinco semanas.

‘The last dance’ ha sabido gestionar a la perfección las dosis de información y, sobre todo, provocar una respuesta emocional en la audiencia. Todos los espectadores hemos bailado a su ritmo. De esta serie documental hay tres elementos importantes, algunos de los cuales ya hemos apuntado en columnas anteriores.

1) LA SINCERIDAD: La habilidad que ha tenido la serie por exponer circunstancias personales y deportivas de Jordan (y otros jugadores) ha marcado las diferencias. Es impensable que cualquier estrella deportiva de hoy en día, cualquier futbolista de élite, aceptara dar el visto bueno a una serie que expone episodios oscuros o aspectos negativos de su carrera o su personalidad.

2) EL DEBATE: Su director ha ido más allá de la narración estrictamente histórica para promover reflexiones alrededor de la trama. La más importante, sobre si es necesario ser un personaje mezquino que maltrata a sus compañeros para lograr la victoria y la excelencia. Eso sí, la propia serie prefiere no dar respuesta a este dilema. No osa ni preguntárselo a Phil Jackson. Estaría bien que el técnico hubiera contestado delante de las cámaras si los anillos hubiesen sido los mismos sin el terror del vestuario a Michael Jordan.

3) EL CONCEPTO DE VERDAD: A pesar de los dos puntos anteriores, a quién se le ha atribuido siempre la autoridad final ha sido a Michael Jordan. De cada capítulo ha habido protestas y discrepancias de los aludidos. Se ha quejado hasta el pizzero que MJ asegura que le envenenó. El pizzero ha resultado ser de los Bulls y nunca habría deseado enfermar a su ídolo. Pero, al final, la mirada definitiva es la de Michael Jordan. Los dos últimos capítulos sirven para avalar al gran ídolo.

Y los fans compran su concepto de la verdad. Aunque las grandes estrellas mientan o se inventen o modifiquen el pasado, saben que juegan con la ventaja de que el público les cede la autoridad de su versión. Esos ojos irritados que tanto dieron que hablar al inicio, esa mirada, es la que ha reescrito a su gusto la historia definitiva de esa generación de los Bulls.

La gran pregunta

¿‘The last dance’ puede gustar a los que no eran fans de Jordan o de la NBA? Por supuesto. Aunque sí se debe tener curiosidad y afición por el deporte. La serie explora el talante de la élite deportiva, la gestión de los egos, las tensiones de vestuario, los intríngulis de la dirección deportiva, los aspectos personales como motivadores o desestabilizadores del rendimiento individual…

Al final, en ‘The last dance’ se habla más de lo humano que de lo divino.

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