De Messi a Lamine Yamal: el restaurante del Garraf donde los cracks del Barça se sienten en casa

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Discreción, buena gastronomía y un trato familiar han hecho de este local frente al Mediterráneo uno de los rincones favoritos por todo tipo de celebridades

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El restaurante La Cúpula Garraf

Pep Morata / MD

En el corazón del Garraf, entre la montaña y el mar, un restaurante familiar se ha ganado el respeto y el cariño de deportistas y celebridades que no solo valoran la buena cocina, sino también la sensación de sentirse como en casa.

Detrás de este éxito hay una historia que empezó hace casi 50 años, en 1977, cuando el padre de Marc Fauste, actual propietario, abrió un chiringuito frente al Mediterráneo. Doce años más tarde, en 1989, el local creció con la apertura de La Cúpula Garraf, el restaurante de arriba, que ha conservado los mismos valores, adaptándose y mejorando sin perder autenticidad. “Nuestro objetivo es mantener lo que se creó, y eso ya es mucho”, asegura Marc.

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Marc Fauste, propietario del restaurante La Cúpula Garraf

Pep Morata / Propias

Aunque el vínculo con el Barça es evidente, por este restaurante han pasado también jugadores de otros equipos, deportes y personalidades del entorno cultural. Todos encuentran lo mismo: privacidad, ambiente familiar y una carta que combina producto fresco y local.

De entre todas las visitas, la que más marcó a Marc fue la de Luis Enrique, recién fichado del Real Madrid. Desde entonces, el lugar se ha convertido en un punto de encuentro de generaciones enteras de culés. Por sus mesas han pasado Busquets, Rakitic, Neymar, Jordi Alba, Arturo Vidal y muchos más. De hecho, la primera camiseta colgada en el local fue la de Leo Messi. Hoy, esa pared se ha ido llenando con recuerdos de leyendas y también de promesas como Pedri, Gavi o Lamine Yamal, que ha celebrado allí sus tres últimos cumpleaños junto a su familia.

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Restaurante La Cúpula Garraf

Pep Morata / Propias

“Intentar hacer las cosas bien te acaba trayendo cosas buenas", empieza diciendo Fauste. "Aquí no tratamos diferente a nadie. Nuestro objetivo es que todos se sientan especiales, desde el personaje más mediático hasta el cliente más anónimo”, añade el dueño de La Cúpula Garraf.

Y así es como han creado relaciones duraderas. Muchos jugadores siguen acudiendo incluso años después de colgar las botas. Otros lo hacen para celebrar momentos personales: cenas con la familia, reuniones con representantes o simplemente una escapada para desconectar frente al mar.

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Restaurante La Cúpula Garraf

Pep Morata / MD

Entre las anécdotas más recordadas vividas en el restaurante está el cumpleaños de Ivan Rakitic en 2017. Se empezó a gestionar con antelación y el plan era celebrarlo por todo lo alto el día después del partido de vuelta contra el PSG. Tras el 4-0 en la ida, “se habló de anularlo y hacer una cena tranquila”, pero aquel 8 de marzo, el Barça consiguió una remontada histórica con el 6-1 y la cena acabó siendo una fiesta inolvidable. “Durante el partido, me iba mandando mensajes con su mujer y varios de los invitados diciendo: ‘Oye, que parece que al final sí vamos a poder poner música… Oye, que parece que podremos celebrar’. Luego se acabó pasando y con esa euforia empezaron a preguntar si podíamos montar fuegos artificiales. La celebración fue tan grande que el cumpleaños pasó a un segundo plano y podríamos decir que fue la fiesta de la remontada”, recuerda Marc Fauste.

Y luego hay momentos en los que se demuestra que el trato va más allá de lo profesional. Como cuando hace seis años, Alma, la hija de Marc, nació de forma prematura y pasó 95 días en la UCI. Varios jugadores, al ver su nombre bordado sobre la incubadora, le regalaron la camiseta más pequeña posible con el nombre de la recién nacida, firmada por toda la plantilla. “Incluso había tres jugadores que no la pudieron firmar porque estaban en la Copa América y me preguntaron a su vuelta si podían firmarla. Es entonces cuando entiendes que hay algo más”, reafirma el dueño.

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La paella marinera del restaurante La Cúpula Garraf

Pep Morata / MD
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Eso es lo que hace "único" a La Cúpula Garraf. No solo su cocina mediterránea, donde brillan la paella marinera, las gambas de Vilanova, los carabineros o las croquetas de jamón ibérico… Es el conjunto. La belleza del entorno con vistas al mar, tan cerca de Barcelona y tan lejos del ruido, la luz que entra por las ventanas de cristal y el personal que se desvive por los clientes.

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