Lo que debía haber sido una reparación rápida terminó siendo un caso insólito. En febrero, una mujer británica cuya movilidad depende de un coche adaptado (y de un andador) se quedó tirada en plena carretera. Tras llamar a la Asociación Automovilística (AA), el vehículo fue remolcado hasta un taller en Deeside, cerca de Liverpool.
Lo que parecía una avería menor se transformó en un proceso interminable: seis meses sin noticias del vehículo, que no fue devuelto hasta julio, tras una denuncia formal por robo. Cuando la propietaria lo recuperó, el coche estaba en peor estado que cuando entró al taller y el odómetro marcaba 15.000 millas más, el equivalente a unos 24.000 kilómetros recorridos.
El taller negó haber utilizado el vehículo, aunque los registros demostraban que el coche había circulado sin ITV y acumulaba una multa por exceso de velocidad de 70 libras (unos 81 euros) registrada un mes antes de la denuncia.
"Hicimos todo lo que pudimos"
El director general del taller, Antony Hutchison, defendió la actuación de su equipo ante el diario The Guardian: "Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos". Según explicó, el retraso se debía a la falta de una pieza de repuesto usada, que había demorado la reparación. Respecto al kilometraje, el responsable argumentó que los movimientos detectados podrían deberse a traslados internos o pruebas de funcionamiento del vehículo.
No obstante, la explicación no convenció a la propietaria, que había confiado su coche a un servicio autorizado por la AA. Durante ese periodo, no solo perdió el vehículo, ya que también se vio obligada a cancelar varias citas médicas y suspender visitas a su madre enferma, al depender completamente del coche para desplazarse.
Tras seis meses de espera y un vehículo devuelto en peores condiciones, el taller ofreció a la clienta una indemnización de apenas 174 euros, equivalente a poco más de 30 euros por mes sin coche. La AA, por su parte, se comprometió a cubrir el coste de la ITV y los gastos derivados de la incidencia.
El caso reabre el debate sobre los retrasos en los talleres y la falta de control sobre los vehículos durante las reparaciones. Porque una avería puede esperar, pero ningún conductor imagina que su coche recorrerá 24.000 kilómetros mientras aguarda una pieza.



