De golpe Marc Márquez este domingo se teletransportó a 2017, 2018 y 2019 cuando se jugaba las victorias en el Red Bull Ring con las Ducati oficiales guiadas por Andrea Dovizioso o Jorge Lorenzo en unas carreras en seco inolvidables por el suspense hasta el final. Quizás fue por el efecto de la infiltración muscular de un enantyum la que le permitió olvidarse por unas horas de ese dolor en su palanca superior derecha y sentirse uno de ellos en uno de los dos circuitos que aún no figuran en su palmarés de triunfos. Se merece de vez en cuando el octocampeón reverdecer laureles en su infatigable pelea por volver a ser quién fue.
A Marc le sobraron en la segunda cita del Red Bull Ring cuatro giros y una lluvia torrencial que cayó tarde y mal para él. Se estaba exhibiendo en seco con los mejores y en condiciones mixtas siempre ha sido uno de los mejores. Que el ritmo no fue trepidante ante el miedo de que esas gotas en la cúpula se transformaran en lluvia de golpe, unido a que no tiene nada que perder le permitió aguantar arriba con Quartararo y Bagna y pelearles el final de carrera. Quizás el otro Marc, el de siempre, el de la puerta grande o ambulancia, hubiera aguantado hasta el final de carrera con los slicks cuando la cosa se puso fea por la tormenta como hizo el ganador Brad Binder.
No sería la primera vez que lo intenta, pero ahora no está para eso, no puede arriesgarse a volver a hacerse daño. Ganó su yo cerebral y entró a cambiar, con la mala suerte de que al ser el primero y llevarse a los cracks 2021 con él, acabó pagando una impracticable curva 1 y cayó y avisó al resto. Pero esas primeras 24 vueltas valieron mucho la pena aunque al final solo se llevara un puntito en el zurrón por su 15º.
