El balonmano se abre al mundo
INEFC
Está viviendo una revolución donde cada salto, cada sprint, cada lanzamiento se convierte en dato

- Gabriel Daza
profesor del INEFC de Barcelona
Actualmente es posible tener las estadísticas en tiempo real durante los campeonatos de Europa, tanto masculinos como femeninos. Los aficionados pueden ver en pantallas y aplicaciones móviles quién corre más rápido, quién salta más alto, quién lanza con más potencia. Los datos ya no son un secreto guardado en ordenadores de entrenadores; son contenido en vivo que hace el deporte más emocionante y comprensible.
Estas cifras permiten ver el partido como nunca antes. Cuando comprendes que una jugadora ha recorrido 4,8 kilómetros en 60 minutos, con 43 aceleraciones superiores a 3 m/s², empiezas a entender por qué está agotada en los últimos cinco minutos. O por qué su sustituta entra fresca y decide el partido.
Y aquí está la clave: los datos no reemplazan al entrenador, lo potencian. No sustituyen la intuición táctica ni la experiencia, las complementan con evidencia objetiva. ¿Ese jugador está realmente en su mejor momento físico o solo lo parece? ¿La defensa zonal está funcionando, o simplemente hemos tenido suerte? ¿Conviene mantener a la pivote titular cinco minutos más, o su rendimiento ya está cayendo?
Aunque los expertos aseguran que con tres datos bien elegidos ya puedes transformar tu forma de entrenar, la tecnología ofrece más de 300 métricas diferentes y abre un nuevo paradigma. Y esto es solo el principio. La siguiente frontera está en el análisis predictivo mediante inteligencia artificial, modelos que anticipen riesgo de lesiones antes de que ocurran, o sistemas que identifiquen patrones tácticos del rival en tiempo real.
El balonmano, ese deporte de velocidad, contacto y espectáculo, está viviendo una revolución silenciosa. Una revolución donde cada salto, cada sprint, cada lanzamiento se convierte en dato, y cada dato en conocimiento. Donde la ciencia no mata la pasión, sino que nos ayuda a comprenderla mejor. Porque, al final, conocer los números que hay detrás de un gol de Ana Gros lanzando a 127 km/h, o de una Camilla Herrem marcando gol con una vaselina de apenas 27 km/h, no convierte el balonmano en menos emocionante. Lo hace más humano. Más comprensible. Más nuestro. Y eso, créanme, vale más que cualquier estadística.

