El salto con pértiga es probablemente la prueba de mayor dificultad técnica del atletismo. Los y las pertiguistas son al mismo tiempo velocistas, gimnastas, acróbatas… además de saltadores muy reactivos. Tienen una gran fuerza especial en los brazos y el tronco. Y, además, una excelente capacidad mental: no pueden tener miedo a un salto de riesgo. Es la única de las cuatro modalidades de saltos en la que el atleta se sirve de un implemento (en este caso, la pértiga), lo que implica que, a diferencia de los otros saltos, el atleta sí puede modificar la trayectoria del centro de masas en el aire, gracias a la pértiga.
Entre las claves fundamentales de la gran evolución de los récords en esta modalidad, hay que destacar la evolución del material del que están hechas las pértigas. En orden cronológico, las primeras pértigas eran de madera (cedro, nogal, abeto o fresno), todas macizas y muy pesadas (más de 10 kg). Se usaron hasta el siglo XIX. A finales de ese siglo aparecieron las de caña de bambú, mucho más ligeras, que perduraron hasta mediados del siglo XX. El último récord mundial con bambú lo batió Cornelius Warderman (4,77 m en 1943).
Luego llegaron las pértigas metálicas, igual de ligeras que las de bambú (2-2,5 kg), pero mucho más seguras. A partir de 1945 aparecen las de aluminio y cobre y, en 1950, las de acero, más resistentes. El último récord mundial con pértiga metálica de acero es de Don Bragg con 4,80 m (1960). Pero la gran revolución es la llegada de las pértigas de fibra de vidrio, que se generalizaron a finales de los 50. Con este material, el rendimiento competitivo dio un salto cualitativo impresionante. Con la fibra de vidrio, al doblarse las pértigas, los atletas aprovechan el efecto reactivo del artefacto para catapultarse. Y desde finales de los años 80, encontramos las actuales pértigas que añaden fibra de carbono, las pértigas del siglo XXI.
Las pértigas flexibles de fibra de vidrio y carbono son capaces de intercambiar energía. Cuando se doblan, almacenan la energía cinética creada en la carrera de impulso y la batida, y luego la liberan cuando se desdoblan. Ello permite un agarre más alto. En un salto válido, el cuerpo del atleta actúa como un péndulo suspendido dentro de otro péndulo invertido que es la pértiga.
La energía creada en la carrera de impulso y la batida se puede descomponer en tres tipos de energía: la energía potencial del atleta, que continúa aumentando desde la batida hasta que consigue el punto alto del vuelo; la energía de tensión de la pértiga (rotacional), que aumenta hasta que la pértiga está totalmente doblada y disminuye progresivamente hasta extenderse, y la energía cinética residual, que mueve el cuerpo del saltador hacia adelante sobre la pértiga.
Un salto con pértiga tiene nueve fases: carrera de aproximación, presentación (enlace entre carrera y batida), clavada y batida, balanceo o péndulo, recogida, extensión, giro, franqueo y caída.


