Educar a través del deporte

INEFC

Cuando la práctica deportiva es mucho más importante que el hecho de ganar

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Carolina Marín, todo un ejemplo de lucha y superación en el deporte

Kiko Huesca / EFE

¿Qué tienen en común Marc Márquez, Carolina Marín, Lamine Yamal, Alexia Putellas, Carlos Alcaraz y Laia Sanz? Efectivamente, que son números uno en sus respectivas disciplinas. Son los grandes elegidos por su talento, su fortaleza mental y su capacidad de esfuerzo y sacrificio. Pero ¿cuántos niños y niñas que actualmente practican deporte llegarán a ser números uno? O aún más, ¿cuántos se van a ganar la vida practicando su deporte favorito? Siendo muy pero que muy optimistas, no van a llegar ni al 10 %. 

Además, las expectativas que se generan alrededor de los jóvenes deportistas suelen ser muy altas por parte de las familias y de los propios entrenadores y entrenadoras. Como esas aspiraciones no se corresponden con la realidad, las posibilidades de sentirse frustrados son muchas.

Si estos cálculos se acercan a la realidad, ¿cómo podemos sacar rendimiento a la práctica deportiva, más allá del placer de entrenar, competir y, si es posible, ganar? Muy fácil: educando a través del deporte. Es decir, dando prioridad a aprendizajes que les sean útiles para su vida presente y futura: valores y habilidades sociales.

Poniendo el foco en los valores y utilizando el deporte como la herramienta educativa que es, podremos enseñar a los niños y niñas a competir consigo mismos para conseguir más confianza y más seguridad, a competir contra otros asumiendo el rol de perdedor como oportunidad de mejora, a pasárselo bien y disfrutar del proceso y no centrarse únicamente en el resultado final, a ser autónomos, a trabajar en equipo, a tratar con respeto a compañeros, técnicos, árbitros, etc.

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Recuerdo hace años que fui a dar una charla a una escuela de primaria sobre los valores del deporte. Expresamente fui con una camiseta de una carrera popular que había corrido el domingo anterior. En un momento de la charla, les dije que había hecho esa carrera junto con miles de personas, que fue muy divertido correr por la ciudad y les pedí que si me querían hacer alguna pregunta. Y, evidentemente, saltaron de la silla con la mano alzada para hacer la pregunta del millón que yo esperaba: "¿Y ganaste?" Y les dije, pues sí… gané. Y todos: "¡Ohhhhhh!". “¿Y sabéis por qué gané? Porque conseguí hacer un mejor tiempo que en una carrera de la misma distancia que había corrido un mes antes. Gané porque me lo pasé muy bien, fue muy divertido. Gané porque corrí con mis amigos y llegamos a la meta juntos de la mano compartiendo nuestro esfuerzo. Gané porque me sentí acompañado durante la carrera por otros corredores y corredoras que, en realidad, no eran rivales, ya que compartíamos una afición. Gané porque los vecinos bajaron a la calle para darnos ánimos y fue muy emocionante”.

Este es el potencial educador del deporte, más allá de la derrota y de la victoria. Esa es la mejor definición de ganar. 

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