¡Cómo cambia la historia!

A LA CONTRA

El gol de Gorrotxategi fue una gran alegría para la afición de la Real Sociedad

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Futbol primera division estadio de Anoeta Real Sociedad Athletic gol de Jon Gorrotxategi

Luis M. Unciti / Propias

Habíamos comentado antes del último derby, que el vencedor, si lo hubiere, reforzaría su proyecto, y contribuiría a apuntalar su plan para esta temporada. Afortunadamente hubo un vencedor, y fue la Real, aunque la situación pudo ser muy otra, de no haber mediado el postrero gol de Gorrotxategi.

Un empate final, que parecía el resultado al que estaba abocado el partido en el minuto 90, habría satisfecho parcialmente las apetencias del Athletic, pero ,de ningún modo, las de la Real. Y la lectura posterior al partido habría sido muy diferente, de no haberse producido el gol de la victoria. Podríamos haber evaluado mejor o peor la relación del equipo con el juego, pro al final, lo que queda, es el resultado, y la Real, lejos de despejar dudas, las habría disparado aún más si cabe.

El equipo de Sergio Francisco se habría quedado un punto tan sólo por encima del descenso, y de poco habrían servido las tonalidades empleadas para pintar un nuevo tropiezo. Pero un gol lo cambia todo… o casi todo. La Real se impone al eterno rival, circunstancia nunca desdeñable. Lo hace en el tiempo de descuento, cuando mejor sabe, es decir, en el filo de la navaja. Suma tres puntos, que lo alejan ligeramente de los puestos de la quema, y toma aire de cara a próximas contiendas. Todo eso, nada más y nada menos, es la recompensa de un solitario gol. Entonces cabría preguntarse qué habría sucedido de no haber terciado ese gol terminal. Pues bien, todo eso que podemos imaginar, de todo eso, , de momento, nos hemos librado. ¡Alivio!

Pero mucho cuidado con la autocomplacencia, un estado en el que es fácil incurrir después de atravesar por un periodo delicado, y tras un triunfo balsámico y reparador como el del sábado. Aún quedan muchas dudas por despejar, comenzando por el propio juego, que sigue mostrándose insuficiente para confiar en él. Los triunfos alimentan las baterías de la confianza, y ése es el camino, pero no hay nada hecho.

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