Redacción

Cuando un cambio lo cambia todo

OPINIÓN

HHay partidos y también temporadas que cuesta explicarlas más allá de emociones. La de la Real Sociedad pertenece a esa categoría. Hace no tanto el equipo caminaba con la cabeza gacha, atrapado en una sensación de equipo sin pulso. Entonces llegó Rino Matarazzo y, sin grandes estridencias, cambió algo que no aparece en las pizarras tácticas: el alma. Tocó la táctica pero sobre todo la cabeza de los futbolistas. Y ha llevado a la Real Sociedad a la final de la Copa del Rey Mapre. Casi nada

La Real ahora es un equipo reconocible en los momentos decisivos, sólido en las áreas, maduro cuando el partido exige temple. Pero lo verdaderamente profundo es lo que ocurre fuera de las líneas de cal. La grada ha recuperado esa mirada de orgullo que solo aparece cuando siente que su equipo la representa. Se vivió contra el Athletic en una de las noches que pasarán a la historia. Por eso el estadio terminó coreando su nombre. Lo hicieron en una especie de agradecimiento colectivo, la forma más simple y sincera que tiene el fútbol de reconocer a quien ha devuelto la fe.

Porque hay entrenadores que cambian historias. Matarazzo parece estar escribiendo una de esas páginas que luego se recuerdan durante años. Ha reconstruido un equipo que parecía agotado y lo ha empujado hasta una final, pero sobre todo ha vuelto a unir las piezas invisibles: la ilusión, la confianza, el vínculo entre la afición y el escudo. La Real Sociedad hoy tiene otra cara, sí, pero también otro latido. Anoeta ha cambiado su ritmo cardiaco. Y a veces eso es lo único que hace falta para que un cambio lo cambie absolutamente todo. Le queda un gran momento. Pero ya ha pasado a la historia de la Real Sociedad.

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