Lo peor no fue no ganar, sino no imponerse en el juego a un Cádiz más agresivo y comprometido. La Real cerró el año con un punto más, pero sobre todo con dos menos tras un encuentro decepcionante, el tercero consecutivo en el que no vio puerta. Se le terminaron haciendo largos el año y la serie de ocho partidos a una escuadra txuri urdin que clausura 2023 en puestos europeos, pero alejada de los puestos Champions tras dos empates consecutivos. El larguerazo de Zubimendi con la zurda fue la única acción de peligro de una Real fatigada que no supo sobreponerse a la dureza, permitida por el árbitro, de un Cádiz desesperado.
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La Real no supo ganar y estuvo a punto de perder. El punto lo ganó un Álex Remiro descomunal e inspiradísimo, autor de tres paradas muy meritorias y decisivas en la suerte final del encuentro. Mala señal para un equipo, la Real, que, tras facturar una lamentable primera parte, reaccionó en la segunda, pero a la que, como tantas veces antes, le faltó una aportación sólida y efectiva de los recambios, aunque las lesiones tampoco permitieron a Imanol refrescar el ataque. Odriozola fue relevado al descanso y sus recambios, Traoré y Aritz, tuvieron que pedir el cambio por lesión.
La milagrosa recuperación
La milagrosa recuperación de Brais se confirmó desde el momento en el que se hicieron oficiales las alineaciones de ambos equipos: Brais, ocho días después de ser operado por una fractura en el cúbito y un mes antes de lo esperado, fue titular e integró una medular que estuvo lejos de funcionar junto a Merino y Zubimendi. La otra gran novedad en el 'once' fue la de Odriozola, al que le falta sobre todo compenetración con sus compañeros, horas de vuelo como realista.
La puesta en escena de la Real fue nefasta. Los futbolistas, mentalmente, parecían estar más en la Plaza de la Constitución con una txapela y el talo de txistorra que en un Nuevo Mirandilla donde, en apariencia, les sorprendió la presión, feroz y valiente, del Cádiz. El equipo amarillo les robó el aire, el cuero y la personalidad hasta que le faltaron las fuerzas para presionar tan alto y con tanta personalidad.
En cualquier caso, el balance de la primera parte rozó el drama para la Real. Un disparo a puerta con cero peligro, ninguna ocasión y ninguna razón esgrimida para explicar qué equipo pelea por un puesto europeo y cuál por no bajar. Y, lo que es peor, las tres ocasiones del Cádiz, muy nítidas, fueron generadas por errores de bulto de los guipuzcoanos, acciones impropias de una escuadra siempre fiable que llevaba casi cinco partidos sin encajar un solo gol. Ahora son casi seis.
Remiro, salvador total
Zubeldia no debió esperarse un centro tan certero y con tanta rosca de Carcelén, porque cabeceó el cuero a su propia portería casi a lo Darko Kovacevic. Sólo la feliz intervención de Álex Remiro, el más concentrado de los realistas, impidió el gol. Su rectificado fue lúcido y meteórico para despejar a córner. Poco después, rozó lo esperpéntico esa jugada de alto riesgo en la que Merino, tras recibir de Remiro, trató de devolverle la pelota muy presionado, pero su envío pegó en Zubimendi para dejar sólo a Ramos ante el arquero. Cantaron el gol hasta los monos de Gibraltar, pero estaba de nuevo un heroico portero realista para impedirlo, con una salida rauda y rechazando con los pies, como Casillas ante Robben en la final del Mundial. La tercera acción la provocó el propio cascantino, que pifió en un control y salvó el gol casi en la línea.
Otro talante tras la pausa
¿La Real? Suspenso por incomparecencia. Gotas de calidad de Kubo, omnipresencia de Zubimendi y un gigante Remiro. Nada más. Debió haber 'Imanolina' al descanso porque la Real salió con un talante muy distinto desde el inicio. Para el segundo 10 ya había forzado un córner, para el primer minuto, Sadiq había chutado mordido y forzado y Brais se había fugado a la espalda de los centrales, aunque decidió pasar en lugar de ejecutar. Y en el 58' acarició el gol con un tremendo larguerazo de Zubimendi con la zurda, habilitado por un envío genial de Kubo tras una buena circulación de balón donostiarra.
Tampoco le duró mucho el frenesí a una Real un tanto fatigada y castigada por la agresividad rayana en la violencia, permitida por el árbitro, del Cádiz. Increíble y surrealista fue la situación en el carril derecho, ocupado al final por cinco realistas: Odriozola, Traoré, Aritz, Zubeldia unos minutos y Aihen. El maliense y el beasaindarra duraron 23 y 11 minutos y tuvieron que salir por lesión.
En ese escenario se creció un Cádiz que olió la sangre tras 13 partidos sin ganar. Remiro tuvo que volver a lucirse para despejar a mano cambiada un testarazo de Ramos. Los minutos finales fueron un quiero y no puedo en el que los encontronazos, las patadas y los duelos primaron sobre el fútbol.
A la Real se le olvida marcar. Así capota un 2023 en todo caso excepcional.
Cádiz: David Gil; Carcelén, Fali, Chust, Pires; Alejo (Ocampo, min.76), Álex Fernández (Kouamé, min.64), Alcaraz, Navarro (Sobrino, min.64); Maxi (Guardiola, min.64), Ramos
Real Sociedad: Remiro; Odriozola (Traoré, min.45, Aritz, min.68')), Zubeldia, Le Normand, Tierney; Zubimendi, Brais, Merino (Turrientes, min.68); Kubo, Sadiq (Carlos Fernández, min.68), Oyarzabal.
Goles: No hubo.
Árbitro: Iglesias Villanueva. Amonestó a Alejo (min.32), Alcaraz (min.84)
Espectadores: Unos 15.000 en el Nuevo Mirandilla.

