La Real Sociedad alzó el 3 de abril de 2021 el trofeo de campeón de la Copa del Rey en el derbi más importante de siempre. Sin público, pero el club donostiarra celebró un título 34 años después en un torneo que, pese a ser el último que había dado una enorme alegría a la afición txuri urdin en 1987, también había sido la pesadilla de ridículos importantes durante esos largos 34 años. Y es que la Copa también es eso, sobre todo en este formato y en el más antiguo, donde a un partido se decide todo. Si le añades que juegas en campo del más modesto, que el partido está en medio de un calendario infernal que te obliga a rotar a todo el equipo y hace que jueguen jugadores sin ritmo de competición, y en algunos casos sin experiencia, se dan situaciones como las de Requena, donde la Real sufre para avanzar pese a ser superior a priori y también sobre el verde.
Que Imanol Alguacil haya cambiado la realidad realista en Copa no quita que pueda tener tropezones o partidos realmente grises, como el de esta primera ronda, donde la Real jugó mal y donde sólo se salvaron unos pocos. Los debutantes, Turrientes y Zakharyan como líderes, Carlos Fernández por el olfato goleador y quizá Cho por su insistente segundo tiempo, donde acertó algo más. Caer hubiese sido un fracaso estrepitoso, más aún ahora que ya casi ningún Primera cede a las primeras de cambio, pero no hubiese sido más que otra situación más de esta Copa que mola y es diferente precisamente por esa posibilidad de que la Real gane un título, o de que el Buñol o el Astorga te puedan echar.