Hasta el final, penalti y bronca 'Real'
REAL MADRID
Todo el Bernabéu, incluida la edulcorada 'Grada Frans', mostró su hartazgo con el equipo durante los 90 minutos pese a que el nivel de la megafonía trató de ocultarlo
El penalti del descuento salvó al equipo de Arbeloa de un castigo mayor por parte de la grada
El Real Madrid gana al Rayo gracias a un gol de penalti en el minuto 100


- Mario Calderón
Periodista - Madrid
Fenómenos meteorológicos extraños este domingo en el Bernabéu. Fuera, la lluvia. Dentro, el Rayo (Vallecano) que trajo consigo atronadores pitos de la afición merengue que sabe que esta rácana victoria no disipa los nubarrones negros que todo el mundo ve sobre este equipo. Ni siquiera ACDC sonando a todo trapo por la megafonía pudo silenciar la bronca. Los señalados, sobre todo, fueron Vinicius y Bellingham pero en general todo el equipo al que de nuevo volvieron a salvar del desastre Courtois con sus paradas y Mbappé con su penalti, dudoso penalti, en el descuento.
Y es que la situación de hartazgo en el madridismo con este grupo de jugadores es evidente. Tanto, que hasta la edulcorada 'Grada Fans' y sus cánticos aprobados por el comité de censura se salieron del guion por un momento cantando aquello de "Échale h... Madrid, échale h..." El resto del público lo hizo durante todo el partido. Hasta el final, la bronca fue 'Real'.
Pero la estrategia blanca para estos días de tanta tensión parece ser un poco la de siempre: capear el temporal como se pueda, seguir en la pelea por LaLiga con victorias in-extremis como la del Rayo y en la Champions enmendar el tropiezo jugando dos partidos más. Ni rastro, por tanto, de la promesa de buen juego que supuestamente venía a devolver Arbeloa ni del resurgimiento físico de Antonio Pintus. Por lo que en el futuro, o mucho cambia la cosa, o en el momento en el que vuelva a ponerse en frente un equipo de los grandes, habrá funeral.
Vinicius, un imitador del Cholo
Un capítulo aparte, como casi siempre, lo protagonizó Vinicius. Primero con un gol de los de que hacía mucho que no marcaba (carrera y desborde por izquierda y golpeo a la escuadra con la derecha) y luego con un papel conciliador entre equipo y afición en el que sacó todo su repertorio: brazos arriba pidiendo más apoyo a la grada, besos al escudo y gestos de rabia al más puro estilo Cholo Simeone con la grada del Metropolitano.
Ahora que tiene el puesto asegurado (Arbeloa le tachó de intocable y lo ha jugado todo con él) se ha erguido como líder expresivo de un equipo en el que defiende a ratos y a otros ataca con más velocidad que precisión. Aún así, el penalti típico del descuento vino a salvar a un equipo que, un fin de semana más, esquiva la derrota pero no termina con el debate.

